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jueves, 20 de septiembre de 2018

VIGILIA VOCACIONAL

VIGILIA VOCACIONAL

Con el lema: "La vocación es hoy" el Seminario Mayor San Jerónimo de la Arquidiócesis de La Paz invita todos los jóvenes y personas que quieran unirse en oración para hacer la Oración por las vocaciones.

Celebración que tendrá lugar el la Iglesia del Seminario Mayor San Jerónimo el jueves 27 de septiembre de 2018 a horas 19:00

Agradecimientos de parte del Rector del Seminario y equipo de Pastoral Vocacional.

viernes, 14 de septiembre de 2018

LOS OBISPOS DE BOLIVIA JUNTO AL PAPA

LOS OBISPOS DE BOLIVIA JUNTO AL PAPA

En una carta, enviada el pasado 31 de agosto, los Obispos de Bolivia se solidarizan con el Papa Francisco por los difíciles momentos que le toca vivir, a raíz de denuncias contra su persona y casos de desobediencia de algunos hijos de la Iglesia.

La carta firmada por Mons. Aurelio Pesoa, Secretario General de la CEB, asegura la amistad sincera y adhesión filial de todos los pastores. “Cristo Crucificado y su Madre Santísima le infundan fortaleza y le hagan gozar de su consuelo”, he aquí el desarrollo de la Carta.

"En este momento de tribulación por las señales de falta de obediencia a Su Santidad de algunos hijos de la Iglesia, queremos expresarle nuestra obediencia, solidaridad y apoyo, como Obispos de la Iglesia Latinoamericana, a la que usted pertenece y como Pastores de la Iglesia en Bolivia", escriben los obispos bolivianos en una carta enviada al Papa Francisco, tras las absurdas acusaciones hechas al Papa por el arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio en los Estados Unidos.

"Los Obispos de Bolivia queremos expresarle nuestra solidaridad, apoyo y adhesión filial en esta hora difícil. Usted, Santo Padre, ha sido elegido para presidir nuestra Iglesia en la caridad, siguiendo los pasos de Cristo y de Pedro, el primero de los apóstoles".
"Apreciamos su ministerio pastoral y sus sabias enseñanzas y nos adherimos a ellas con admiración y respeto", subrayan.

"Le aseguramos nuestro cariño, amistad fraterna y oración en esta hora. Cristo Crucificado y su Madre Santísima le infundan fortaleza y le hagan gozar de su consuelo", concluyen los obispos bolivianos.

lunes, 20 de agosto de 2018

ENCUENTRO DE SANTUARIOS ARQUIDIOCESANO

ENCUENTRO DE SANTUARIOS ARQUIDIOCESANO



El sábado 25 de Agosto con la concentración en el templo de la Merced Comercio y Colón a las 18:00 luego en procesión a la Catedral de La Paz para la misa a horas 19:00, cada Santuario Diocesano de La Paz estará presente con su Banner respectivo.

Durante la celebración se hará la bendición a la Primera Réplica de la Patrona Principal de la Arquidiócesis de La Paz que sale en misión fruto del V° CAM y visitando Vicarias y Santuarios replicando las conclusiones del Congreso Americano Misionero. La Imagen es un esfuerzo de todos los Santuarios es de estilo Colonial para vestir los escultores son Mary Isabel Santander y Salvador Jeremías, el vestido es confeccionado por las damas voluntarias del Señor de la Sentencia.

Durante la presentación de las ofrendas se acompañarán víveres en favor del Seminario Mayor San Jerónimo de la Arquidiócesis de La Paz.

Padre Walter Quiilla y todos los Rectores de los Santuarios junto a los agentes de pastoral vienen haciendo trabajos de reflexión en la vida Pastoral y de piedad Popular.

En todos los Santuarios  se debe fomentar con esmero la vida litúrgica principalmente mediante la celebración de la Eucaristía y de la Penitencia.

Los sacramentos son encuentros de salvación con el Dios vivo que, en el Espíritu, llega a cuantos acuden a El hambrientos y sedientos de su verdad y de su paz. Cuando celebramos un sacramento, no "hacemos" algo, sino que nos encontramos con Alguien, que es Jesucristo, que se hace presente en la gracia del Espíritu para comunicarse a nosotros y cambiar nuestra vida, insertándonos de manera cada vez más fecunda en la Iglesia.

Digamos unas palabras sobre la Eucaristía y la Penitencia

A) La celebración de la Eucaristía

La Eucaristía es el corazón de la Iglesia. No se edifica ninguna Comunidad cristiana si no tiene como quicio y eje a la Eucaristía.

En los Santuarios se celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, presencia real y verdadera del Señor, banquete de los hijos de Dios y prenda de la vida eterna.

B) El sacramento de la reconciliación

Con frecuencia, el peregrino llega al santuario particularmente dispuesto a pedir la gracia del perdón, y hay que ayudarle a abrirse al Padre, "rico en misericordia" (Ef.2,4),que en el sacramento de la penitencia le ofrece como al Hijo Pródigo, su abrazo de amor y de perdón. El perdón concedido de forma gratuita por Dios, implica como consecuencia un cambio real de vida, una progresiva eliminación del mal interior, una renovación de la propia existencia.

En este sentido, afirmamos que los santuarios son "las huellas de la gran bondad del Señor para con nosotros", "los signos salvíficos del Dios que nos ha vivificado", "los recuerdos de la misericordia del Seño para con nosotros" (S. Gregorio de Nisa).

Los santuarios están llamados a ser lugares de grandes conversiones.

3. El Santuario implantado en el corazón de la Iglesia

Los santuarios son como señales que orientan y guían el caminar de los cristianos por este mundo hacia la Casa del Padre, "promoviendo la experiencia de convocación, encuentro y construcción de la comunidad eclesial" (Pontificio Consejo para las migraciones. El Santuario, 1).Todos los Santuarios, por tanto, deberán estar abiertos y en comunión con la Iglesia Particular, o Diócesis, presidida en el amor por el Obispo.

De aquí se derivan una serie de compromisos para todos:

Los objetivos pastorales y las grandes necesidades de la Diócesis han de encontrar acogida y respuesta generosa en las Cofradías y en los peregrinos. De este modo, favorecen la apertura real y verdadera a la Diócesis.

Los Santuarios están llamados a prestar un valioso servicio a la Iglesia Diocesana, cuidando la proclamación de la Palabra de Dios, celebrando de forma digna los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía, promoviendo una intensa vida espiritual y ayudando a los fieles a comprometerse en la transformación de la sociedad según el designio de Dios.

En el Santuario, cada uno puede discernir y madurar la propia vocación y hacerse disponible para realizarla al servicio de la misión de la Iglesia, que se hace cercana a los hombres y mujeres a través de las Parroquias, donde se integran y se articulan las diferencias humanas en la comunión eclesial (AA 10).

Las Juntas y Cofrades han de participar, de acuerdo la normativa vigente, en los organismos de comunión y de corresponsabilidad de la Iglesia Diocesana.

Por todo ello, en los santuarios se ha de promover la integración de los fieles en la vida de la Parroquia y de la Diócesis.

4. El Santuario, lugar de evangelización

Para responder hoy a los nuevos desafíos de la secularización, es necesario que los santuarios sean lugares de evangelización, auténticas ciudadelas de la fe, en el sentido global que esta palabra tenía en labios de Jesús cuando decía: "convertíos y creed en el Evangelio" (Mc.1, 15),y recuerdan Pablo VI en la "Evangelii Nuntiandi" y Juan Pablo II en la "Redemptoris Missio".

Los responsables de la pastoral de los santuarios han de cuidar encarecidamente la acogida,la hospitalidad y el servicio generoso a todos aquellos que se acercan a estos centros devocionales.

El santuario debe ser siempre espacio evangelizador y origen de caminos misioneros.

El cofrade y el peregrino, están llamados a comunicar a otros la experiencia que han vivido en el camino y en el Santuario, como los discípulos de Emaús. Ellos han de transmitir, como testigos, en la familia, en la comunidad cristiana y en la sociedad lo que han visto y oído.

Los Santuarios son lugares excelentes para transmitir la fe y para hacer efectiva la nueva evangelización, a la que con tanta frecuencia nos llamaba san Juan Pablo II, con ardor apostólico, con atrevimiento evangélico y con fortaleza de ánimo.

En este sentido, los Sacerdotes y las Cofradías -Juntas y Cofrades- al unísono han de fomentar la renovación de los Santuarios para que sean cada vez más:

Lugares donde resuene con fuerza y claridad la Palabra de Dios, ámbitos en los que se renueve la religiosidad popular.

5. El Santuario, lugar de propuesta vocacional

El Santuario es también el lugar idóneo para la promoción de las vocaciones de especial consagración: Sacerdotes, Religiosos, Religiosas.

6. El Santuario, lugar de la caridad

¿Podremos ser felices en un mundo donde tantos seres humanos pasan hambre?

Un pensador español decía que "el tema ético de nuestro tiempo es la pregunta de si puede considerarse verdaderamente bueno el hombre que acepta, cuando menos con pasividad y con su silencio, una situación social tan injusta" (López Aranguren).

Nadie duda de que Jesús estuvo cerca de los pobres, que los acogía y los ayudaba. Pero hay algo mucho más significativo: Jesús se puso de parte de los pobres.

En fidelidad a Jesús, la Iglesia "ha de testimoniar la radical novedad del Evangelio promoviendo la comunión de bienes y el amor preferencial por los más pobres" (Programa Pastoral Diocesano/ Coria-Cáceres).

Por ello, hemos de esforzarnos en vertebrar de forma coherente la relación caridad-justicia-derechos humanos, o la relación asistencia-promoción personal-reinserción social, tareas que hoy se exigen al amor cristiano, si éste ha de ser creíble.

7. El Santuario, profecía de la Patria celestial

El santuario es también profecía del Reino de los cielos.

No tenemos ciudad permanente aquí, sino que buscamos una ciudad nueva, última y definitiva, que es el Reino de Dios, "donde ya no hay dolor ni llanto, ni enfermedad ni muerte", sino "alegría y paz, vida y santidad".

La comunidad cristiana que celebra a Dios en el santuario recuerda que es Iglesia peregrina hacia la Patria prometida, y que no puede instalarse en este mundo.

Cada vez que la Comunidad de los creyentes se reúne en el santuario, trae a la memoria y al corazón otro santuario no hecho con manos humanas: la ciudad futura, la Casa de Dios a donde se ha ido Jesucristo para prepararnos sitio, porque Él quiere que estemos nosotros donde Él está. Un día vendrá y nos llevará con Él.

8. El Santuario, lugar de empeño ecuménico

El camino de la Iglesia, de modo especial en nuestra época, está marcado por el signo del ecumenismo; los cristianos buscan las vías para reconstruir la unidad, por la que Cristo invocaba al Padre..."que todos sean uno" (Jn.17,21).

El compromiso ecuménico puede hallar en los santuarios un lugar de promoción excepcional, puesto que en ellos se favorece la conversión del corazón y la santidad de la vida que son "el alma de todo el movimiento ecuménico" (UR 8).

9. El Santuario y la ecología

La mayoría de los santuarios están ubicados fuera de las ciudades, en plena naturaleza, en lugar solitario, agreste. "Hay una profunda comunión entre santuario y paisaje. La naturaleza nos habla de Dios, de modo silencioso; el santuario significa también esa manifestación cósmica de Dios con palabras hechas piedra que nos hablan de modo eficaz y profundo de Dios" (Directorio de pastoral de la religiosidad popular y evangelización. Diócesis de Jaén,1995).

Este hecho facilita la proclamación y la experiencia de Dios creador, providente, magnánimo, origen de la belleza...

La pastoral de los santuarios se constituye así en un caudal formidable para la orientación de la sensibilidad ecológica y para la educación en el valor de la Vida humana, nacido o no, socialmente útil o no, puesto que es la cumbre de la creación divina.
XV FERIA DE LA BIBLIA

XV FERIA DE LA BIBLIA

Padre Saúl Gutierrez Asesor de Catequesis y Biblia con la coordinación de las Parroquias, movimientos e instituciones en la Arquidiócesis de La Paz.

El público asistente es diferente entre ellos los Niños/as que tienen su momento para pintar o tener juegos u otro en su historia Bíblica favorita , la partición de la Iglesia de los asistentes hace que dicha feria sea un éxito.

La cita es el domingo 26 de agosto en plaza Abaroa de la ciudad de La Paz – Bolivia, a partir de horas 08:30am a 12:00pm, el espacio es propicio para dar a conocer que Dios se comunica mediante su Palabra, mediante la Biblia; además de conocer el nombre del libro, autor, destinatarios, lugar y tiempo de composición, periodo histórico y mensaje.

Padre Saúl hace llegar su saludo "Se les agradece a todos los participantes de manera especial a las Parroquias, capillas y colegios que hacen parte de este inicio del mes de la Biblia 2018."

sábado, 4 de agosto de 2018

EL SACERDOTE SEGÚN SAN JUAN MARIA VIANNEY

EL SACERDOTE SEGÚN SAN JUAN MARIA VIANNEY



De la mano del Papa Benedicto XVI en su carta de convocatoria del Año Sacerdotal en el 150 aniversario de la muerte del Cura de Ars

1.- La grandeza del sacerdote

El Cura de Ars era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: “Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”. Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia…”.

Explicando a sus fieles la importancia de los sacramentos decía: “Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote…¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo”. Estas afirmaciones, nacidas del corazón sacerdotal del santo párroco, pueden parecer exageradas. Sin embargo, revelan la altísima consideración en que tenía el sacramento del sacerdocio. Parecía sobrecogido por un inmenso sentido de la responsabilidad: “Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor… Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra… ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes… Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias… El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros”.

2.- Al servicio de la conversión

Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: “No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá”. Bien sabía él que tendría que encarnar la presencia de Cristo dando testimonio de la ternura de la salvación: “Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

El Santo Cura de Ars se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado.

3.- Identificación con Jesucristo.

En primer lugar, su total identificación con el propio ministerio. En Jesús, Persona y Misión tienden a coincidir: toda su obra salvífica era y es expresión de su “Yo filial”, que está ante el Padre, desde toda la eternidad, en actitud de amorosa sumisión a su voluntad. De modo análogo y con toda humildad, también el sacerdote debe aspirar a esta identificación.

El Cura de Ars emprendió en seguida esta humilde y paciente tarea de armonizar su vida como ministro con la santidad del ministerio confiado, “viviendo” incluso materialmente en su Iglesia parroquial: “En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa… Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Ángelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar”, se lee en su primera biografía.

4.- Sacramento de presencia y de servicio al pueblo a él confiado.

El Santo Cura de Ars también supo “hacerse presente” en todo el territorio de su parroquia: visitaba sistemáticamente a los enfermos y a las familias; organizaba misiones populares y fiestas patronales; recogía y administraba dinero para sus obras de caridad y para las misiones; adornaba la iglesia y la dotaba de paramentos sacerdotales; se ocupaba de las niñas huérfanas de la “Providence” (un Instituto que fundó) y de sus formadoras; se interesaba por la educación de los niños; fundaba hermandades y llamaba a los laicos a colaborar con él.

5.- En colaboración corresponsable con los laicos.

Su ejemplo me lleva a poner de relieve los ámbitos de colaboración en los que se debe dar cada vez más cabida a los laicos, con los que los presbíteros forman un único pueblo sacerdotal y entre los cuales, en virtud del sacerdocio ministerial, están puestos “para llevar a todos a la unidad del amor: ‘amándose mutuamente con amor fraterno, rivalizando en la estima mutua’ (Rm 12, 10)”. En este contexto, hay que tener en cuenta la encarecida recomendación del Concilio Vaticano II a los presbíteros de “reconocer sinceramente y promover la dignidad de los laicos y la función que tienen como propia en la misión de la Iglesia… Deben escuchar de buena gana a los laicos, teniendo fraternalmente en cuenta sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para poder junto con ellos reconocer los signos de los tiempos”.

6.- El ejemplo de la propia vida y del fervor del sacerdote.

El Santo Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jesús Eucaristía. “No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les enseñaba el Cura de Ars. “Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”. Y les persuadía: “Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él…”. “Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis”. Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que “no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración… Contemplaba la hostia con amor”. Les decía: “Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios”. Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: “La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!”. Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: “¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!”.

7.- Del altar al confesionario: los dos ámbitos más privilegiados.

Esta identificación personal con el Sacrificio de la Cruz lo llevaba –con una sola moción interior– del altar al confesonario. Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesonarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento. En Francia, en tiempos del Santo Cura de Ars, la confesión no era ni más fácil ni más frecuente que en nuestros días, pues el vendaval revolucionario había arrasado desde hacía tiempo la práctica religiosa. Pero él intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la presencia eucarística. Supo iniciar así un “círculo virtuoso”.

Con su prolongado estar ante el sagrario en la Iglesia, consiguió que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jesús, seguros de que allí encontrarían también a su párroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia, lo retenía en el confesonario hasta 16 horas al día. Se comentaba que Ars se había convertido en “el gran hospital de las almas”. Su primer biógrafo afirma: “La gracia que conseguía [para que los pecadores se convirtiesen] era tan abundante que salía en su búsqueda sin dejarles un momento de tregua”. En este mismo sentido, el Santo Cura de Ars decía: “No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él”. “Este buen Salvador está tan lleno de amor que nos busca por todas partes”.

8.- Testimoniar y transmitir el amor misericordioso de Dios.

El Cura de Ars consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio y un testimonio similar de la verdad del Amor: Deus caritas est (1 Jn 4, 8).

Con la Palabra y con los Sacramentos de su Jesús, Juan María Vianney edificaba a su pueblo, aunque a veces se agitaba interiormente porque no se sentía a la altura, hasta el punto de pensar muchas veces en abandonar las responsabilidades del ministerio parroquial para el que se sentía indigno. Sin embargo, con un sentido de la obediencia ejemplar, permaneció siempre en su puesto, porque lo consumía el celo apostólico por la salvación de las almas. Se entregaba totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa: “La mayor desgracia para nosotros los párrocos –deploraba el Santo– es que el alma se endurezca”; con esto se refería al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas.

9.- El valor y el sentido de la mortificación.

Dominaba su cuerpo con vigilias y ayunos para evitar que opusiera resistencia a su alma sacerdotal. Y se mortificaba voluntariamente en favor de las almas que le habían sido confiadas y para unirse a la expiación de tantos pecados oídos en confesión. A un hermano sacerdote, le explicaba: “Le diré cuál es mi receta: doy a los pecadores una penitencia pequeña y el resto lo hago yo por ellos”.

Más allá de las penitencias concretas que el Cura de Ars hacía, el núcleo de su enseñanza sigue siendo en cualquier caso válido para todos: las almas cuestan la sangre de Cristo y el sacerdote no puede dedicarse a su salvación sin participar personalmente en el “alto precio” de la redención.

10.- La primacía y la fecundidad de los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia.

La identificación sin reservas con este “nuevo estilo de vida” caracterizó la dedicación al ministerio del Cura de Ars. El Papa Juan XXIII en la Carta encíclica Sacerdotii nostra primordia, publicada en 1959, en el primer centenario de la muerte de san Juan María Vianney, presentaba su fisonomía ascética refiriéndose particularmente a los tres consejos evangélicos, considerados como necesarios también para los presbíteros: “Y, si para alcanzar esta santidad de vida, no se impone al sacerdote, en virtud del estado clerical, la práctica de los consejos evangélicos, ciertamente que a él, y a todos los discípulos del Señor, se le presenta como el camino real de la santificación cristiana”.

El Cura de Ars supo vivir los “consejos evangélicos” de acuerdo a su condición de presbítero. En efecto, su pobreza no fue la de un religioso o un monje, sino la que se pide a un sacerdote: a pesar de manejar mucho dinero (ya que los peregrinos más pudientes se interesaban por sus obras de caridad), era consciente de que todo era para su iglesia, sus pobres, sus huérfanos, sus niñas de la “Providence”, sus familias más necesitadas. Por eso “era rico para dar a los otros y era muy pobre para sí mismo”. Y explicaba: “Mi secreto es simple: dar todo y no conservar nada”. Cuando se encontraba con las manos vacías, decía contento a los pobres que le pedían: “Hoy soy pobre como vosotros, soy uno de vosotros”. Así, al final de su vida, pudo decir con absoluta serenidad: “No tengo nada… Ahora el buen Dios me puede llamar cuando quiera”.

También su castidad era la que se pide a un sacerdote para su ministerio. Se puede decir que era la castidad que conviene a quien debe tocar habitualmente con sus manos la Eucaristía y contemplarla con todo su corazón arrebatado y con el mismo entusiasmo la distribuye a sus fieles. Decían de él que “la castidad brillaba en su mirada”, y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado.

También la obediencia de san Juan María Vianney quedó plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cuánto le atormentaba no sentirse idóneo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse “a llorar su pobre vida, en soledad”. Sólo la obediencia y la pasión por las almas conseguían convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a sí mismo explicaba: “No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido”. Consideraba que la regla de oro para una vida obediente era: “Hacer sólo aquello que puede ser ofrecido al buen Dios”.

11.- La comunión eclesial en la vida sacerdotal.

Quisiera añadir además, en línea con la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis del Papa Juan Pablo II, que el ministerio ordenado tiene una radical “forma comunitaria” y sólo puede ser desempeñado en la comunión de los presbíteros con su Obispo. Es necesario que esta comunión entre los sacerdotes y con el propio Obispo, basada en el sacramento del Orden y manifestada en la concelebración eucarística, se traduzca en diversas formas concretas de fraternidad sacerdotal efectiva y afectiva.

12.- La importancia del celibato sacerdotal.

Sólo así los sacerdotes sabrán vivir en plenitud el don del celibato y serán capaces de hacer florecer comunidades cristianas en las cuales se repitan los prodigios de la primera predicación del Evangelio.

13.- El amor y la devoción mariana del sacerdote.

La celebración del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney (1859) viene inmediatamente después de las celebraciones apenas concluidas del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes (1858). Ya en 1959, el Beato Papa Juan XXIII había hecho notar: “Poco antes de que el Cura de Ars terminase su carrera tan llena de méritos, la Virgen Inmaculada se había aparecido en otra región de Francia a una joven humilde y pura, para comunicarle un mensaje de oración y de penitencia, cuya inmensa resonancia espiritual es bien conocida desde hace un siglo. En realidad, la vida de este sacerdote cuya memoria celebramos, era anticipadamente una viva ilustración de las grandes verdades sobrenaturales enseñadas a la vidente de Massabielle. Él mismo sentía una devoción vivísima hacia la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen; él, que ya en 1836 había consagrado su parroquia a María concebida sin pecado, y que con tanta fe y alegría había de acoger la definición dogmática de 1854”.

El Santo Cura de Ars recordaba siempre a sus fieles que “Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir de su Santa Madre”.

lunes, 30 de julio de 2018

RECTOR DEL SEMINARIO YA FUE ORDENADO COMO OBISPO AXULIAR DE EL ALTO

RECTOR DEL SEMINARIO YA FUE ORDENADO COMO OBISPO AXULIAR DE EL ALTO


Mons. Giovani Edgar Arana nació el 23 de mayo de 1974 en La Paz, Arquidiócesis del mismo nombre. Completó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor “San Jerónimo” en La Paz. Fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 2004. Asistió al Centro de San Pedro Favre para Formadores del Sacerdocio y la Vida Consagrada en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde el 5 de junio de 2009 obtuvo el Diploma en Formación Sacerdotal.

Como sacerdote ha desempeñado los siguientes oficios y ministerios: Vicario Asistente en la parroquia “Familia de Nazareth” en La Paz (2005-2006), formador en el Seminario Mayor “San Jerónimo” en La Paz (2007-2008), estudiante en el Centro San Pietro Favre para Formadores del Sacerdocio y la Vida Consagrada de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (2009, administrador parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria en La Paz (2010-2015); Director diocesano del movimiento Schoenstatt (2010-2013); vicerrector del Seminario Mayor “San Jerónimo” en La Paz (2014-2015), subsecretario para la Pastoral de la Conferencia Episcopal Boliviana (2013-2015). Desde 2016 es rector del Seminario Mayor “San Jerónimo” en La Paz hasta la actualidad.

Tras la ordenación episcopal Presidida por Mons. Eugenio Scarpellini Obispo de la Diócesis del El Alto el pasado 25 de julio Mons. Arana ha tomando posesión como obispo titular de Muteci y auxiliar de la diócesis de El Alto (Bolivia).

La celebración tuvo lugar en la Catedral Virgen de la Candelaria de Collpani en la zona Cosmos 79 y a su inicio P. Hernán Acasi, Canciller de la Diócesis solicito la ordenación del Obispo.

Padre Christopher Washington, Encargado de negocios de la Santa Sede dio lectura al Mandato Apostólico emitido por el Papa Francisco.

Con la asistencia de veintidós Obispos de las Jurisdicciones del país, Monseñor Giovani Arana a tiempo de agradecer manifestó: a su familia y a todos quienes fueron parte de su vida y formación, comenzando por su madre, continuó con quienes fueron sus Padrinos P. José Fuentes, Padre Basilio Bonaldi, seminaristas y todos aquellos que fueron una influencia para este camino, su servicio y entrega.

“Quiero vivir este nuevo misterio como lo exprese en el lema que elegí: Con el oído en el corazón de Dios y la mano en el pulso del tiempo, escuchando a Dios y siempre marcado por el servicio”

Entre los concelebrantes estaba su Eminencia Cardenal Ticona que dijo: "En nombre de los mineros, campesinos, profesionales y todo el Pueblo de Dios pidiéndole imitar a Jesús, sumo y eterno sacerdote y deseando que sus huellas no se borren en su trabajo. “¡Jallalla, Jallalla Jilatanaka!”, entonó a tiempo de felicitarlo."

jueves, 26 de julio de 2018

CONCLUSIONES DEL V CAM

CONCLUSIONES DEL V CAM


  1. Con el gran impulso misionero del Papa Francisco la Iglesia Católica en América ha celebrado su V Congreso Americano Misionero (V CAM) en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) del 10 al 14 de julio de 2018. Con el lema “América en Misión: El Evangelio es alegría” se ha llevado a cabo esta asamblea  extraordinaria en la que se espera fortalecer el sentido misionero de toda la Iglesia Católica y encontrar vías de renovación y de conversión misionera de la misma en América. La Comisión Teológica del mismo preparó los contenidos de este Congreso a lo largo de cinco años, durante los cuales se han celebrado dos Simposios Internacionales, en Puerto Rico (2015) y en Uruguay (2016) respectivamente, así como otros muchos Congresos nacionales misioneros en cada país o jurisdicción eclesiástica de todo el continente de América. De aquellos dos Simposios internacionales se han publicado sendos libros en torno a los ejes temáticos del Congreso, que han sido los siguientes: El Evangelio, la alegría, la comunión y la reconciliación, la misión y el profetismo.

  1. La realización del V CAM ha sido sin duda un momento de gracia para la Iglesia en América, a través del cual se puede avivar la misionariedad de toda la comunidad católica para hacerse presente en todas las realidades del mundo con la fuerza transformadora y con la alegría del Evangelio, que nos impulsa a trabajar abriendo vías de comunión y de reconciliación en los ámbitos sociales y políticos, interreligiosos y eclesiales. Con sentido misionero y evangelizador y con audacia profética, este Congreso va a fomentar a partir de ahora cambios en las actividades y en las estructuras eclesiales, de modo que esta Iglesia “en salida” responda con fidelidad a Dios en su misión abierta “Ad Gentes”, especialmente a los pobres y a los descartados, a los que no conocen ni a Cristo ni los valores que emanan del Evangelio de la Alegría.

  1. Siguiendo la orientación marcada por el Concilio Vaticano II, desde la Gaudium et Spes y con el decreto Ad Gentes, y la Conferencia de Aparecida del CELAM, la Iglesia se muestra esencialmente misionera cuando se abre a los desafíos del mundo contemporáneo para buscar las respuestas adecuadas desde el Evangelio y la Palabra de Dios. Somos conscientes de los grandes cambios rápidos y profundos que zarandean las culturas y las sociedades de esta época posmoderna, que, sometida y encandilada por las nuevas tecnologías, sigue sin resolver eficazmente problemas enquistados del hombre y del mundo. Entre estos retos nuestra Iglesia está preocupada especialmente por los siguientes grandes fenómenos de nuestro continente: La crisis de la familia con todos sus problemas derivados, el desprecio y la violencia contra la vida y la dignidad  humana, la vulneración de los derechos humanos, el dominio económico de unos pocos que genera desempleo y pobreza, el panorama de injusticia y de falta de solidaridad que deja tras de sí el ser humano en la época del secularismo, la necesidad de cuidar a la Hermana  Madre Tierra, la preocupante situación de desigualdad y de violencia a que está sometida la mujer, las migraciones, la población indígena, los aspectos sombríos de la misma Iglesia, golpeada sobre todo por los escándalos de la pederastia, el descenso de las vocaciones sacerdotales, la modernidad débil y relativista así como la negatividad y la inmoralidad inherentes a dicha modernidad.
  2. La consideración de todos estos puntos con sus correspondientes orientaciones desde la fe cristiana han sido ampliamente tratados en las fases previas del Congreso, sobre todo, en los Simposios Internacionales y los Congresos nacionales misioneros ya mencionados. A partir de todos esos trabajos y publicaciones la Conferencia Episcopal de Bolivia y las Obras Misionales Pontificias elaboraron el Instrumentum Laboris del V CAM que ha servido de base para los trabajos de las comunidades cristianas católicas que viven su sentido misionero en toda América. El sondeo llevado a cabo en América recoge las aportaciones de los miembros activos de las iglesias con una muestra representativa de casi diez mil encuestas, con la cual se ha desarrollado una metodología de participación activa y plural de toda la Iglesia en los países de América.

  1. Partiendo de todos estos datos previos a este evento continental, el Congreso ha reunido todos los delegados de cada país. Una organización admirablemente eclesial dado acogida a todos ellos, que han sido hospedados en familias de todas las parroquias de Santa Cruz. El Congreso ha sido presidido por Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, y dirigido por Mons. Eugenio Scarpellini, coordinador del mismo y director de las OMP Bolivia. Hemos vivido cinco días intensos de actividades diversas que han ocupado la atención de todos los participantes. Entre estos se encuentran S. E. el Cardenal Fernando Filoni, delegado especial del Papa Francisco para el V CAM, S. E. el Cardenal boliviano Toribio Ticona, Mons. Giovanni Pietro Dal Toso, Presidente Internacional de las OMP, la hermana Roberta Tremarelli, Secretaria General de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, todas las delegaciones americanas de las Obras Misionales Pontificias, la Conferencia Episcopal de Bolivia en pleno, un gran número de Obispos de América y de otros países, sacerdotes, personal religioso y una multitud de laicos. En total 3177 participantes inscritos. Entre voluntarios acogedores de los misioneros y familias cruceñas que los han recibido en sus casas hay 3830 personas. Todo un despliegue enorme de ilusión y de servicio, de entrega y de alegría. Por la mañana se han celebrado seis sesiones. Además de la sesión de inauguración, ha habido cinco magnas ponencias sobre los temas del Congreso, y cada día por la tarde se han celebrado  doce talleres, cuatro conversatorios y cinco subasambleas, en las que se han debatido las cuestiones planteadas por la mañana.

  1. Las brillantes, profundas e iluminadoras conferencias que han tenido lugar han sido las siguientes: La primera, “La alegría Apasionante del Evangelio”,  a cargo de Mons. Guido Charbonneau (Honduras), la segunda, “Anunciar el Evangelio al mundo de hoy” a cargo de Mons. Santiago Silva (Chile), la tercera, “Discípulos testigos de la comunión y de la reconciliación” a cargo del P. Sergio Montes, S.J. (Bolivia), la cuarta, “Misión Profética de la Iglesia hoy” a cargo de Mons. Luis A. Castro (Colombia), y la quinta, “Misión Ad gentes en América y desde América”, por Mons. Vittorino Girardi (Costa Rica).

A continuación pasamos a exponer las principales conclusiones que emanan de toda esta rica reflexión que ha ocupado nuestra atención y nuestras actividades durante estos días. En las mismas recogemos sobre todo las propuestas de líneas de acción para la renovación misionera de la Iglesia en América

PROPUESTAS DE CONVERSIÓN MISIONERA PARA LA IGLESIA EN AMÉRICA LATINA

Educar en la alegría del Resucitado y de las Bienaventuranzas

  1. Es preciso potenciar al máximo entre los servidores de la Palabra de Dios, el conocimiento y la profundización en el misterio central de la fe cristiana, que es el Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Jesús y compartir sistemáticamente con nuestro Pueblo de Dios la preeminencia  del mensaje de las Bienaventuranzas (IL 236-259), que constituyen la verdadera antología del Evangelio y que resumen la alegría de todo el mensaje cristiano y de los valores del Reino de Dios y su justicia, fomentando la opción preferencial por los pobres y la creación de espacios de atención a los que sufren y a los excluidos.

Salir a las periferias del mundo para ir al encuentro de los “otros”.

  1. Es preciso fomentar espacios de diálogo y de alegría en nuestras comunidades e ir a las periferias del dolor, de la marginación y de la pobreza. Crear medios, métodos e instrumentos para ir a los alejados de la fe y transmitirles la alegría del Evangelio con un corazón abierto a la universalidad, especialmente en medio del sufrimiento. Avivar el sentido Ad Gentes e ir con la alegría del Evangelio al encuentro de las culturas y de la cultura, de la diversidad cultural de nuestros pueblos y del crecimiento cultural de nuestras gentes, con una atención particular al mundo indígena, a los sectores de población de los inmigrantes, de todas las víctimas de la violencia y de la droga. Hacerse presente con los valores del Evangelio en los ambientes culturales y generadores de cultura, en las universidades e instituciones educativas, así como en los medios de comunicación y en las redes sociales de comunicación.

Fomentar el conocimiento de la Biblia y de los Evangelios

  1. Se propone promover el conocimiento de la Biblia y especialmente de los Evangelios como fuente de renovación cultural, de encuentro entre culturas y pueblos y como camino de paz entre las diversas religiones, y buscar un espacio público, abierto y plural desde el punto de vista teológico en la Universidad pública de los países de América (IL 267-270). Asimismo se propone crear escuelas interparroquiales misioneras para fomentar sistemáticamente el conocimiento y la difusión de la Biblia como Palabra viva y permanente de Dios que regenera la vida. También se deben instaurar catequesis bíblicas en los instersticios de las catequesis sacramentales.

Promover las Comunidades de vida Misionera

  1. Se propone promover y apoyar al máximo las Comunidades de Vida Misionera, desde las Comunidades Eclesiales de Base como desde otras formas de vida comunitaria eclesial y de movimientos eclesiales, como forma concreta de vivir la dimensión misionera de la Iglesia, inmersa en el mundo y en las realidades humanas, sociales y políticas con el método de la Revisión de Vida, con sus tres pasos fundamentales (Ver, Juzgar y Actuar), como instrumento de análisis y de transformación personal, eclesial y social desde la fuerza del Espíritu (IL 274).

Promover la comunión de bienes en la Iglesia y con los pobres

  1. Asimismo crear, fomentar y desarrollar la institución de Cáritas en todas las comunidades cristianas parroquiales y no parroquiales, con el fin de hacerse presente desde la práctica de la caridad y de todas las obras de misericordia de manera organizada y estructurada ante las necesidades materiales y sociales de nuestra población, especialmente entre los más pobres y necesitados, tanto de cerca como de lejos (IL 275). De este modo se desarrolla la estructura fundamental de la Iglesia para gestionar la comunión de bienes en la Iglesia y con los más pobres y necesitados. Y concretamente se debe apoyar la propuesta emblemática de la institución de la Koinonía Eucarística con los Pobres, para compartir con ellos, con criterio evangélico y evangelizador y con el carácter universal de Ad Gentes, las aportaciones de cada Eucaristía.

Promover la Reconciliación en todos los ámbitos de la vida

  1. En primer lugar hay que fomentar el sacramento del perdón y de la misericordia de Dios así como promover, cuidar y atender la Reconciliación en el ámbito familiar desde nuestras comunidades y parroquias (IL 280-289). Es urgente educar para la reflexión, la escucha, la valoración mutua, el respeto, la comunicación y el encuentro, el amor, el perdón, el olvido, la alegría sana, la felicidad compartida, la serenidad, la lucidez, la armonía. Asimismo hay que promover el diálogo entre las religiones orientado a la Reconciliación y la Iglesia debe ayudar a que todos los actores sociales y políticos participen activamente en los procesos de reconciliación. Sobre todo, se debe consolidar la opción por los pobres como vía de Reconciliación, y, no en último lugar, la reconciliación ecológica en favor de la creación de Dios, cuidando con responsabilidad nuestra Casa Común, la “Hermana, Madre Tierra” (IL 280-289).

Fomentar la conciencia de la misión profética y liberadora en todos los ámbitos sociales

  1. Hay que despertar y alimentar la conciencia de la misionariedad de la Iglesia, cultivando la dinámica vocacional de la Iglesia y de sus miembros en el servicio al mundo entero. Asimismo hay que elaborar desde conferencias episcopales un proyecto misionero, que debe impregnar los planes pastorales y renovar nuestras estructuras de evangelización, haciéndonos caminar hacia la misión Ad Gentes, especialmente orientada a todos los ámbitos donde no se conoce a Cristo o no se viven los valores del Evangelio, particularmente las comunidades indígenas y los sectores de población dedicados a la gestión económica, empresarial, social y política de nuestras sociedades. Y hay que hacer también un esfuerzo intenso de conexión con la vida real de la gente, asumiendo y promoviendo la Lectura Creyente de la Realidad como metodología excelente del diálogo con el mundo y de la comunicación del Evangelio, haciéndose presentes en los diversos ambientes con los medios adecuados y saliendo a las periferias existenciales y geográficas del mundo para ir al encuentro de los alejados (IL 290-95). Asimismo se apoya la creación del Observatorio Eclesial Americano de los Derechos Humanos con el objetivo de realizar informes de carácter profético acerca de las situaciones de exclusión, marginación, opresión, injusticia, corrupción y extorsión de los derechos humanos, sociales, políticos y económicos en todos los países de América.

La evangelización de la familia como clave cristiana de la transformación social y cultural

  1. Trabajar en un diseño específico de atención a la institución de la familia y a los problemas familiares desde la Iglesia. A imagen de la familia trinitaria y de la familia de Nazaret las familias cristianas deben ser comunidades domésticas de vida y de amor auténticamente cristiano. Para ello es preciso trabajar en el campo educativo y catequético en la formación de los jóvenes para que experimenten la vivencia madura del amor como entrega total al otro. Es necesario trabajar sistemáticamente en la atención eclesial desde las parroquias a los problemas de las parejas, antes, en y después del matrimonio. Es urgente consolidar el respeto a la dignidad de la persona en el marco familiar para que ningún miembro de la familia sea maltratado, particularmente las mujeres y los niños. Es también urgente educar en el respeto a la vida como un don de Dios desde el primer momento de la concepción hasta la muerte natural. Es apremiante asimismo educar a los jóvenes desde las familias y desde las parroquias en el sentido y en el valor cristiano de la sexualidad.

Potenciar una Iglesia misionera más ministerial y laical

  1. Potenciar el desarrollo de una “Iglesia en salida” que vaya rompiendo los moldes de una Iglesia demasiado Clerical y abra caminos firmes y decididos hacia una Iglesia más Ministerial y con participación laical que pone su mirada en Cristo y en los hermanos necesitados, desorientados y en los no creyentes. Potenciar una Iglesia en la que los laicos asuman su gran responsabilidad testimonial y misionera orientada desde la alegría del Evangelio al servicio a los otros, a los que sufren y a los pobres. En esta línea se apoya la propuesta también emblemática de la creación de un ministerio reconocido, laical y femenino, mediante el cual se reconoce a la mujer su extraordinario servicio a la evangelización como una realidad viva y se institucionaliza una participación estructurada en la misionariedad de la Iglesia de nuestro tiempo. Se había propuesto el nombre del “ginacolitado” puesto que el acolitado es un término eclesial vigente para un ministerio laical, pero eso queda como tema abierto a su estudio, análisis y profundización.

Promover y cuidar las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa

  1. Es preciso promover y cuidar las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa como formas de vida netamente evangelizadora y profética en el mundo actual. Para ello hay que elaborar proyectos de formación en los seminarios y en los institutos religiosos en los que la entrega misionera para vivir la radicalidad del envío de Cristo muerto y Resucitado sea presentada, cuidada y desarrollada con entusiasmo, con ilusión y con la inmensa alegría del Espíritu de las Bienaventuranzas.


Celebrar la fe y la religiosidad popular en clave misionera

  1. Hay que cuidar mucho todas las celebraciones de la Eucaristía, cumbre y fuente de nuestra vocación cristiana, y de los sacramentos, y prepararlas con esmero, extremar la acogida, potenciar los gestos y signos, cuidar el lenguaje, la homilía, los cantos, la música, las moniciones, de manera que conecten mejor con la sensibilidad, preocupaciones e inquietudes del hombre de hoy (IL 260-266). Especialmente hay que cuidar mucho más la preparación y celebración del sacramento del Perdón y de la reconciliación. Hay que atender con esmero los demás sacramentos, como el Bautismo, el Matrimonio, la Unción de los enfermos, sin descuidar la importancia enorme de los funerales. Asimismo se debe depurar y orientar según el Evangelio la rica religiosidad popular y la devoción a la Virgen María de nuestros pueblos.