La Paz, 10 de abril de 2011 (larazón).- Antes de hablar de También la lluvia, quiero mencionar de pasada el tema del “plagio” al que muchos críticos se están refiriendo (algunos con actitud aguerrida, otros más fríamente, sin dejar de lado, por eso, el tono de reproche: “no sólo nos están robando nuestras historias y nuestros charangos, sino que están plagiando al maestro”, “se están cagando en nuestra tradición cinematográfica”). Es mi opinión, y tal vez esté dando rienda suelta a mi imaginación, que los creadores de la película sí vieron Para recibir el canto de los pájaros, sin embargo, al ser ésta una película enteramente cuestionable, digo cuestionable desde la perspectiva del cine-con-el-pueblo o el cine-arma (la trama: un equipo de filmación de k’aras racistas, caricaturescos, llega a un pueblo altiplánico cargando hasta escopetas y frases como “a estos indios de mierda hay que hacerles entender”, y se topa con una comunidad que más que ser esa unidad creativa postulada por el primer Sanjinés, actúa de tesis (“ashi shomosh, no hay jefe”) y llega hasta a realizar rituales inventados por el director, representando, grupalmente, eso sí, algo así como un cuadro de Rodo Boulanger, bailando con unos fetiches de papel maché tomados del mundo de los tejidos), por ser tan cuestionable, digo, Laverty y Bollaín han preferido hacerse a los locos. Responder honestamente a la pregunta, “¿qué opinan sobre la película del maestro?” los hubiera hecho, más aún, la comidilla de los críticos nacionalistas: “Han venido, sobradores colonialistas, a pisotear nuestro patrimonio cultural”.
La experiencia
Sabemos que la película de Sanjinés nace de una vivencia. Durante la
filmación de Yawar Mallku, su equipo vivió experiencias similares a las
narradas en Para recibir el canto de los pájaros. A pesar de haberse instalado
en una comunidad con el permiso de su autoridad, la desconfianza del pueblo
puso en jaque el rodaje de la película, y solamente tras encontrar la
aceptación otorgada por alguna fuerza superior a la que —por medio de la coca,
por medio de los brujos— se entregaron (creyendo o no creyendo, eso no importa…
y sí importa), recibieron la salvadora bienvenida. Esta experiencia, según las
palabras de Sanjinés, confirmó y amplió en mucho sus ideas sobre el pensamiento
comunitario no-individualista, y fomentó la formación de un nuevo lenguaje
cinematográfico propio y colectivo a partir de ellas. También, desde ya, le
parecía que el tema daba para una película. No pensó que al convertir una
preocupación formal en una temática, actitud que ya se presentía en La nación
clandestina, se terminó creando un nuevo —para entrar en sus términos— enemigo,
uno ególatra y sobreindividualista, uno que instrumentaliza a los pueblos
vecinos para ilustrar las propias ideas y monomanías, usar a la gente como la
ilustración de un libro de niños sin llegar a preocuparse por su voz… de
pajaritos… creyéndose por su lado la voz de los sin voz, actitud que
inevitablemente se ha visto reflejada, también, de alguna forma, en el Estado.
Y es que, y esto no se lo puede negar, Sanjinés ha sido, y es, uno de los
principales imaginadores de la nueva Bolivia.
‘Fitzcarraldo’
En 1982 el director alemán Werner Herzog presenta la película Fitzcarraldo, la historia de la alegre locura de un hombre asentado en el Amazonas que, resentido contra los potentados terratenientes de la goma, desea regalarles a los indígenas el placer enorme que le da la ópera, “el arte para el pueblo”, construye con tal fin un teatro en medio de la selva. A falta de recursos, compra tierras inaccesibles ricas en goma y planea llegar a ellas creando una ruta pluvial a través de un cerro. Logra este propósito. Una tribu de indígenas no-civilizados se ofrece, inexplicablemente, a bajar los árboles del cerro y jalar, con muchísimo esfuerzo, como mulas, un enorme barco. Este proceso es penoso y ocupa un buen espacio/tiempo de narración.
El final es lo de menos, pero la cuestión es ésta: acompañando a la película, durante su estreno latinoamericano, viajó un cura que denunció incansablemente durante un tiempo (ante el estupor anonadado de los críticos-fans) lo siguiente: la fecha de independencia de la tribu que aparece en Fitzcarraldo es la fecha en la que Herzog y su equipo se retiran, por fin, de esas tierras. Esta voz de alerta (en medio del desierto) no hacía más que confirmar algo que ya estaba pegado a las imágenes. Se había utilizado un grupo enorme de gente a manera de mulas, de esclavos, para jalar un pesadísimo barco, y todo un poco porque sí, porque las puertas para volver a vivir un reflejo claro de la Colonia seguían —siguen— totalmente abiertas. Se había llegado a tal extremo, que la cosa no podía ser real, se ignoró la magnitud de esa instrumentalización dionisiaca y casi cómica de un estado terrible de las cosas.
Por tratarse al final de una ficción, la crítica terminó tratando este
aspecto descarnado de la película como un producto ficcional, actitud incluso
más despreciable por su seriedad y por la admiración idólatra que sigue
causando la peli entre quienes dicen —decimos— “ah, Fitzcarraldo qué buena”,
“ah, Fitzcarraldo, qué mala”, “ah, Fitzcarraldo mi favorita”…
Utilización
La idea de utilizar (!) a una comunidad como instrumento es, y no sé por qué la crítica no lo menciona, uno de los ejes principales de la narración de También la lluvia. Primero: la película empieza con los dos personajes principales españoles enfrentados a una enorme cola de gente que ha acudido en masa a una convocatoria de casting. Son tantos que no se puede atender a todos. El director ficticio, Sebastián, dice que no importa y los observa a la rápida: busca a los más cara-de-originarios de la fila y una vez que los tiene a todos despacha al resto. Un revoltoso protesta, la masa lo secunda. El revoltoso, para su mala suerte y para su buena suerte, es el más cara-de-originario del mundo.
Bueno, la cosa es que el director decide ‘castear’ a todos, el productor putea la madre y los extras aplauden. Una cruz pasa volando y todos felices.
Se nos ha presentado a los cuatro personajes principales. Daniel, Costa,
Sebastián y los extras (los reales y los ficticios), todos oscilando, los
bolivianos especialmente, entre el documental, la dramatización, y la ficción.
Los cuatro irán creciendo, sin cambiar en absoluto su naturaleza, como
presencia y como evolución de un cliché. La primera aparición de los cuatro es
por lo tanto la más facilista. Costa, el productor: frío y práctico. Sebastián,
el director: soñador y demagogo. Daniel, el actor revoltoso de rasgos rudos:
incontrolable. Los extras: idénticos a los de American Idol, protestando por
sus derechos de extras, es decir, de ser tomados en cuenta para aparecer como masa
en una película.
Paréntesis
Antes de ir al segundo punto, me permito, lo siento, otro paréntesis. No voy a
resumir toda la peli, para hacerlo se necesitaría ir escena por escena, pues se
trata de una construcción compleja que juega en varios niveles, y no solamente
narrativos, sino también tonales.
Por un lado, es lo más educativo que existe. Al público no especialista y consumidor de Hollywood se le presenta una película con ritmo de peli de aventuras (notable logro) y clímax lacrimoso, una peli de cambios de personalidades bruscos: el malo se vuelve bueno y el bueno un antisocial insensible. Costa salva a la niña, decisión, al fin y al cabo, práctica y rápida como el personaje; necesaria también para quien no sintió desde el principio un sincero desprecio por Sebastián, el director. Una película, al fin y al cabo, pedagógica y buena en su estilo, pues, aunque no lo crean los intelectuales, solamente ellos saben quién era Bartolomé de las Casas y en el resto de nuestras cabezas está aún latente la imagen de Colón como el joven soñador anonadado frente a la imagen de un escarabajo paseando a lo largo de la infinita superficie de una mandarina, la imagen del pobre explorador relegado al olvido gracias a las viles intrigas de un tal Américo Vespucio. No hay libro escolino que destroce dicha imagen, lamentablemente.
Bueno, por un lado, entonces, está esa película, y por el otro aquella en la
que se mantiene resonando la última afirmación de Costa, cuando muestra que no
tiene intenciones de volver a Bolivia ni interesarse, aquella cuyo clímax es el
momento en el que éste ve con sus propios ojos la Guerra del Agua y como
contraparte la escena en la que el director se niega a observar la golpiza que
un militar le otorga a un detenido, intentando evitar que su equipo reaccione
frente a la escena. Pero éste es el segundo punto.
Los extras
Segundo: el clímax de la película lo hace el cuarto personaje: los extras. ¿Qué
hace que la película sea la hostia? Los extras. Los extras baratos. Los extras
como concepto que se va formando hasta esa parte. Los extras saco de arena.
Los extras de a dos dólares. Pero tampoco hay que desdeñar a la ciudad. La ciudad que se ha alquilado como un set gracias a las coimas y al estatus de Gael García, gracias a que debe ser baratísimo alquilar Cochabamba —alquilarle Bolivia— a unos cuantos cineastas “locos”. Todo se resuelve con plata. Nuestros militares, los extras emocionados por aparecer en la peli y reconstruir la guerra tomando refresco en bolsita —casi desayuno escolar— sentados en una vereda esperando su escena. Los extras al fin y al cabo como extras, como masa pura sin historia ni especificidades, como habitantes de ese lugar que desde el principio es ignorado por los personajes españoles y por las imágenes.
Jamás se intenta mostrar —a diferencia de películas como Avatar o Danza con
lobos— costumbres bolivianas, ni siquiera interiores nacionales más que el
comedor de Aduviri, el único boliviano con el que los españoles se relacionan
realmente. Es por eso también que no es tan jalado de los pelos que Costa
decida salvar a su hija; al final de cuentas, padre e hija son sus actores y él
es el responsable.
La colonia
La honestidad de la película, de alguna forma, sí funciona como un movimiento
perpetuo que se sale de sí mismo, que se desfasa mediante un claro juego de
espejos e invita al diálogo desde una perspectiva consciente de su molestosa
distancia. Al final han utilizado “nuestra guerra del agua” como un evento
ejemplar del estado del mundo. Con especificidades secretas, sí, y de alguna
forma como se lo hace con la guerra del petróleo, aunque denunciar que existe
una guerra del petróleo así tan directamente parece ser un tabú. No es un
lavado de conciencias. Por favor. De aquí nadie sale limpio.
Si es algo, sería más bien una representación abismal de un Estado de la Colonia. Abismal porque es imposible no pensar en el rodaje real (a pesar de que nuestros críticos creen estar inventando la pólvora al mencionarlo) y no sentirse entre ofendido y emocionado. No por haber hecho esta película los productores han escapado de un sistema vigente y colonial, todo lo contrario.
Lamentablemente, todas las “súper” producciones realizadas en Bolivia han
imitado, de alguna forma, el modelo de la maquila, y el problema, creo, es el
siguiente: representar directamente este estado de las cosas hubiera sido una
violenta muestra de malagradecimiento hacia los bolivianos que se han movido
muchísimo para hacer posible esta producción. El personaje del capataz mestizo y
su reflejo, por ejemplo, hubiera sido un elemento por demás destructivo y
antisocial. Estas historias es mejor dejárselas al pensamiento —pues son más
bien enredadas—, buscar tratarlas con nuevas imágenes (ya sin la necesidad,
antes imperativa, de dar nombres e interpelar a los asesinos), y esto sí no
deberían intentarlo desde afuera.
Hatuey la película
Lo último. Quizás lo más molestoso de También la lluvia sea el hecho de que se
presente, ya desde el póster, a Gael García y Luis Tosar como los personajes
principales. En un mundo paralelo, también hollywoodesco, la película muy bien
podría haberse llamado Hatuey o Aduviri, pues hasta en sus ausencias el
boliviano, que está lejísimos de ser un “oracular maestro tercermundista”, es
casi omnipresente. Nadie dice nada, se acepta el estatus, en mayor y menor
grado, de estrellas que poseen García y Tosar (es obvio que han ganado
muchísimo más que Juan Carlos Aduviri), representantes de uno de los sistemas
más desvergonzadamente colonialistas de nuestra época: el star system. Es un
poco triste darse cuenta cómo nos han brillado los ojos mientras existía la
posibilidad de que nuestro actor fuera aceptado en el mundo como uno más de los
famosos. Un boliviano dando la cara por el país, finalmente y tras el fracaso de
Pato Hoffman, en el mundo de las apariencias.
Periodista:Gilmar G. Ascarrunz - crítico
América Latina está lista para enfrentar un mundo inclusivoLa Comisión Económica para América Latina y el Caribe enfatiza que la economía mundial y el sistema financiero deben ser más equitativos, justos y estables para que el progreso llegue hasta los pobres.“La región de América Latina y el Caribe está preparada para asumir con seguridad el papel que le corresponde en el nuevo escenario mundial más inclusivo”, dijo Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, en la 52 Reunión de Gobernadores del BID.La Paz, 10 de abril de 2011 (larazón).- “En la región llegó la hora de la igualdad”, declaró. Propuso seis pilares para una estrategia económica con énfasis en inversión, integración e innovación que garantice la convergencia productiva, más y mejor empleo, y sostenibilidad ambiental.
Indicó que la crisis global y los retos presentes —como las fuertes entradas de capital y las crecientes presiones inflacionarias provocadas por la actual tendencia alcista de los precios del petróleo y los alimentos— exigen nuevas formas de abordar el desarrollo. “La economía mundial y el sistema financiero han de ser más equitativos, justos y estables para que los beneficios del progreso puedan llegar a todos, incluidos los más pobres”, señaló.
“Proponemos una nueva forma de abordar el desarrollo, una estrategia de crecimiento sostenible y equitativo centrada en la igualdad”. Recalcó que igualdad social y crecimiento económico no están reñidos entre sí; es necesario dotar al Estado de una mayor capacidad para redistribuir recursos.
“América Latina y el Caribe tienen la oportunidad de aprovechar esta resiliencia recién adquirida y actuar con una visión a largo plazo, a fin de impulsar las condiciones necesarias para lograr un crecimiento robusto más equitativo y sostenible”, manifestó.
Recordó que la CEPAL prevé un crecimiento del PIB de 4,2% para la región el 2011, algo más moderado que el anotado el 2010 (del 6,1%), y una disminución de un punto porcentual de la pobreza el año pasado para situarse en 32,1% de la población (desde el 33,1% registrado en la gestión 2009).
En el documento de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) La Hora de la Igualdad Brechas por cerrar, señalan que “la igualdad de derechos provee el marco normativo y sirve de base a pactos sociales que se reflejan en más oportunidades para quienes menos tienen”. Y se refieren a “un pacto fiscal que contemple una estructura y una carga tributaria con mayor efecto redistributivo, capaz de fortalecer el rol del Estado y la política pública de modo de garantizar umbrales de bienestar”.
En el mismo, enfatizan que en América Latina es relevante “un acceso heterogéneo al financiamiento refuerza las desigualdades de las capacidades productivas y la inserción en los grandes mercados, y crea un círculo vicioso que condena a los sectores y unidades productivos de menor capital a una vulnerabilidad permanente y a un crecimiento deficiente”.
Plantean “que las pequeñas y medianas empresas y los sectores de bajos y medianos ingresos gocen de un mayor acceso, pues suelen sufrir la segmentación social del mercado de capitales. Esto no se debe a que las pymes lideren los saltos productivos en la frontera tecnológica, sino a su enorme impacto en la inclusión social, la reducción de la heterogeneidad estructural”.
Aracena destacó que el nuevo patrón de integración comercial y económica con
el Asia presenta nuevos desafíos a la estrategia de desarrollo de América
Latina y el Caribe. Y que la región debería mejorar los actuales mecanismos
fiscales y contractuales para asegurar una generación de ingresos suficiente
para el Estado, sin poner en riesgo el impulso de la inversión necesaria para
desarrollar sus recursos naturales.
Protección del espacio comercial
En el documento La Hora de la Igualdad Brechas por cerrar, la CEPAL señala
que el menor dinamismo de la demanda agregada mundial y del crédito al
comercio exterior se traducirá en una importante desaceleración de los flujos
comerciales, “producto de las tendencias a la protección del espacio comercial nacional
y el restablecimiento tras los desequilibrios globales. En el plano comercial,
según diversas estimaciones, luego de la desaceleración mostrada por el volumen
del comercio mundial el 2008 y la prevista contracción el 2009 (13%), el
volumen de
comercio internacional continuará mostrando tasas de crecimiento
sustancialmente menores al 8,8% registrado en el período 2004-2007.
En particular, las estimaciones de diversas fuentes especializadas ubican al
crecimiento del volumen del comercio mundial en una tasa cercana al 6% el
2010”. Explican que puede haber impacto por la desaceleración prolongada de la
demanda de importaciones de las economías desarrolladas, en un menor espacio
para que las economías emergentes puedan colocar sus productos”. En virtud a
una menor demanda de bienes de inversión por parte de las empresas según
ajustes en planes de producción.
Reformas al sistema de reservas
En el informe de la CEPAL enfatizan que “hay que reformar la arquitectura financiera internacional para dotarla de una mayor capacidad para administrar el ciclo económico” y deberá centrarse en el sistema de reservas y en potenciar y fortalecer las instituciones financieras internacionales. Esto porque el sistema de reservas internacional ha mostrado, “en un contexto de creciente integración financiera, importantes falencias para promover la estabilidad financiera y prevenir los desequilibrios globales. El sistema de reservas actual basado en el dólar impone restricciones a la capacidad de la economía mundial para ajustar los desequilibrios globales, pues las correcciones a esos desequilibrios suponen cambios importantes en las condiciones de la demanda y oferta mundial del dólar”.
Advierten que puede llevar a cuantiosas pérdidas patrimoniales en países que acumulan sus reservas internacionales en esta moneda. “Esta pérdida de riqueza podría traducirse en una forma deflacionaria (contractiva) de corregir los desequilibrios globales”. Plantean fortalecer el papel de los derechos especiales de giro (DEG).

El TIPNIS se ha convertido en un problema entre el gobierno y las organizaciones indígenas. Por lo tanto.