
Por tanto, crecer en la condición del discipulado conlleva un compromiso fuerte con la manifestación del Reino de Dios. Este compromiso se realiza en la historia, en las circunstancias que nos tocan vivir en nuestro país. Es por esta razón que la Iglesia, de distintas formas, manifiesta sus preocupaciones ante la realidad que viven nuestros fieles: extrema pobreza, narcotráfico, alza de precios de la canasta familiar, democracia a menudo formal, poco participativa y consensuada, la grave contaminación y deterioro ambiental, aspectos que ya fueron destacados en el saludo inaugural del presidente en ejercicio de la Asamblea Mons. Jesús Pérez, con quién nos sentimos plenamente identificados. La fe se vive en la sociedad y la sociedad necesita de los hombres de fe para su desarrollo integral. Esto implica para el creyente:
Cochabamba 16 de noviembre de 2010.- Presentamos el mensaje final al concluir la XC Asamblea Episcopal de los Obispos de Bolivia. El mensaje al Pueblo de Dios hace referencia al proceso de la Misión Permanente, el compromiso del Pueblo de Dios en la sociedad y coyunturas en las que vive y un llamado a preparar el corazón y la mente en el tiempo de Adviento que prepara a revivir el regalo del nacimiento de Cristo.
Los Obispos de Bolivia, reunidos del 11 al 16 de noviembre en la XC Asamblea Plenaria, en un ambiente de fraternidad y oración, hemos reflexionado y estudiado la realidad actual y el compromiso cristiano ante ella. A la vez hemos hecho el seguimiento a la Misión Permanente y hemos decidido trabajar en una promoción vocacional que incentive la respuesta de los jóvenes a la llamada del Señor. Hemos recibido también, con alegría, la publicación de la Exhortación Apostólica Postsinodal “Verbum Domini”, sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, del Santo Padre Benedicto XVI, pues estamos seguros que revitalizará la labor evangelizadora de la Iglesia en el mundo.
Misión Permanente
La Misión Permanente nos convoca a entrar en la dinámica del Espíritu Santo: ser Iglesia comunión, capaz de vivir con intensidad y entusiasmo el encuentro personal con Cristo, que convertirá a cada creyente en discípulo misionero. Este discípulo debe asumir su responsabilidad de llevar adelante la vida de su comunidad cristiana, comprometida con el anuncio del Reino de Dios, alimentando su vida con la Palabra del Señor para estar a su servicio. Para que esto suceda, hace falta hoy, lograr una conversión pastoral, dirigida a presentar a la persona de Jesús, vivo y presente en la vida cotidiana y en la historia. Así, lograremos ser una Iglesia discípula, servidora de la Palabra y de la justicia y la verdad.
Discípulos misioneros
Como discípulos misioneros estamos llamados a sentir, pensar, amar y vivir como Jesús. Como testimonió el apóstol San Pablo: “no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20). Es Jesús la fuente de inspiración, el camino a seguir y la meta a conseguir. Esta unidad personal e íntima con Jesús no se puede reducir a una relación intimista, que hace que la Iglesia se quede encerrada en el templo; al contrario, es para servir al bien de la sociedad en su conjunto. Ella tiene una connotación esencialmente de bien social y es crítica con las estructuras que la rodean, no para buscar confrontación, sino para proclamar el valor sagrado de la vida y la dignidad de toda persona, pues “la gloria de Dios es que el hombre viva” (San Ireneo). “Por esta razón, la Iglesia no es indiferente a todo lo que en la sociedad se decide, se produce y se vive, a la calidad moral, es decir, auténticamente humana y humanizadora de la vida social” (Doctrina Social de la Iglesia, 62). Esto no significa que la Iglesia persiga intereses ideológicos o pragmáticos, sino que ilumina las realidades políticas, económicas, sociales, con los criterios que el Evangelio y la Tradición de la Iglesia enseñan acerca del hombre y su vocación terrena y trascendente, para orientar en consecuencia su conducta.
Compromiso social del Pueblo de Dios
Por tanto, crecer en la condición del discipulado conlleva un compromiso fuerte con la manifestación del Reino de Dios. Este compromiso se realiza en la historia, en las circunstancias que nos tocan vivir en nuestro país.
Es por esta razón que la Iglesia, de distintas formas, manifiesta sus preocupaciones ante la realidad que viven nuestros fieles: extrema pobreza, narcotráfico, alza de precios de la canasta familiar, democracia a menudo formal, poco participativa y consensuada, la grave contaminación y deterioro ambiental, aspectos que ya fueron destacados en el saludo inaugural del presidente en ejercicio de la Asamblea Mons. Jesús Pérez, con quién nos sentimos plenamente identificados.
La fe se vive en la sociedad y la sociedad necesita de los hombres de fe para su desarrollo integral. Esto implica para el creyente:
- Superar la pasividad para vivir plenamente el sentido del bautismo que lo lleva a ser discípulo de Cristo, asumiendo su enseñanza en las relaciones con Dios, con los hermanos y con la tierra. Llamado a comprometerse decididamente a favor del bien común y de la causa de los pobres y dar testimonio de un correcto uso de los bienes de la tierra a favor de todos.
- Confrontar su vida continuamente con la del Maestro, pues la vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en plenitud la existencia humana en la dimensión personal, familiar, social y cultural.
- Fomentar, como padres, la responsabilidad primaria en el acompañamiento del crecimiento y la educación integral de los hijos en la familia, procurando que lleguen a la madurez humana y afectiva y desarrollen sus potencialidades en todo sentido, conocer las nuevas leyes y hacer un discernimiento evangélico sobre las mismas y velar así por mantener este principio.
- Promover una nueva generación de católicos comprometidos en política, laicos que quieran testimoniar la fe en la edificación del bien común. Los cristianos en política no son los que aceptan todo acríticamente, ni sienten complejo de inferioridad, están ahí para colaborar en la construcción de una patria para todos.
- Promocionar un desarrollo integral que favorezca la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y no tanto intereses puramente políticos o ideológicos en la sociedad.
Para esta tarea que nos parece ardua o difícil, necesitamos “cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo, sino un don” (Caritas in Veritate, 79).
Tiempo de Adviento
Invitamos para que en este tiempo de Adviento, que nos prepara a la Navidad, en la que el Señor nace en el establo de Belén, renovemos nuestra esperanza en días mejores y contribuya a crear un ambiente de reconciliación, paz y fraternidad entre todos los bolivianos.
Que la Virgen María, Madre de Dios, discípula y servidora de la Palabra, sea nuestra Maestra para que nos enseñe a esperar activamente la venida del Salvador.

El TIPNIS se ha convertido en un problema entre el gobierno y las organizaciones indígenas. Por lo tanto.