
En este punto se sitúa el Magisterio del Papa Benedicto XVI en continuidad con la doctrina social católica que no pretende imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y comportamientos, sino que desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y puesto en práctica.
La doctrina social de la Santa Madre Iglesia sabe que no es su tarea el hacer valer políticamente esta doctrina. La Iglesia quiere servir a la formación de las conciencias en todos los ámbitos de la vida humana y, por tanto, también en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella.
Cochabamba, 11 de noviembre de 2010.- Mons. Giambattista Diquattro, Nuncio Apostólico en Bolivia expresó el saludo del Santo Padre a la asamblea episcopal, esto durante la primera sesión que comenzó a hrs. 9:30am en la casa Cardenal Maurer.
Emmo. Señor Card. Julio Terrazas Sandoval, Presidente de la CEB,
Excmo. Mons. Jesús Pérez Rodríguez, Vicepresidente de la CEB,
Excmos. Señores Arzobispos,
Excmo. Mons. Oscar Aparicio Céspedes, Secretario General de la CEB
Excmos. Señores Obispos,
Reverendos Presbíteros, Religiosos y Religiosas y queridos hermanos en el bautismo.
Agradezco la invitación a participar de esta 90 ma Sesión de la CEB. Las normas canónicas prevén que el Representante del Santo Padre comparta estos momentos ofreciendo así a los Obispos renovar la oportunidad de un momento de adhesión al Sucesor del Apóstol Pedro, que conozco firme, sólido y rico de respetuoso “afectus pastoralis”.
Es mi deseo, por eso, hacer referencia a aquel Magisterio que fortalece, en el amor y en la caridad, la comunión jerárquica de nuestra Madre Iglesia fundada por el Señor Jesucristo sobre la roca del Ministerio de San Pedro y de sus Sucesores.
Cumpliendo con gran alegría este Ministerio Pastoral que he empezado desde cuando he entregado mis cartas “credenciales” en manos del Emmo. Presidente de la CEB, me es grato ante todo renovar la cercanía, la gratitud, y el aliento del Santo Padre Benedicto XVI al Ministerio Pastoral que, en las dificultades del momento presente, todos ustedes realizan al servicio de la obra evangelizadora.
Sus compromisos misioneros en favor del integral crecimiento de las bolivianas y de los bolivianos, como ha declarado el Santo Padre Benedicto XVI en la circunstancia de su visita ad limina, tiene como centro de su iniciativa el anuncio del Evangelio, brota de la escucha dócil de la Palabra divina y se manifiesta en el amor al prójimo y en el servicio desinteresado a los hermanos (cf ibíd.), en el compromiso por la justicia y en e1 servicio de la caridad.
En mérito a este tema quiero tener como firme punto de referencia el Magisterio del Santo Padre Benedicto XVI sobre el compromiso de nuestra querida Santa Madre Iglesia en el desarrollo de la sociedad civil, así como explícitamente lo ha afirmado en estos cincos años de su Ministerio como Pastor de la Iglesia Universal y en coherencia con las enseñanzas del Concilio Ecuménico Vaticano II y de sus Venerados Predecesores.
La Iglesia es una fuerza viva: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el espíritu de Cristo. Este amor brinda a los hombres ayuda material y también sosiego y cuidado del alma. La Iglesia y la comunidad política colaboran ambas, aunque a título diverso, a servicio de la vocación personal y social de los hombres.
Es propia de la estructura fundamental del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es de Dios (cf Mt 22, 21). El Santo Padre afirma que esto significa que el Estado no puede imponer la religión sino que debe garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones. La Santa Madre Iglesia, como expresión social de la fe cristiana, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relación recíproca.
El Santo Padre insiste en que el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política y que la justicia es el objeto y la medida intrínseca de toda política, porque la política es más que una técnica para determinar las normas: su origen y su meta están en la justicia, y ésta es de naturaleza ética. Así, pues, el Estado se encuentra ante la cuestión de cómo realizar la justicia aquí y ahora.
¿La razón, para llevar a cabo rectamente la función de la justicia, ha de purificarse porque su riesgo es la ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca puede descartarse totalmente. En este punto, política y fe se encuentran.
La naturaleza de la fe es el encuentro con el Dios vivo, que nos abre horizontes mucho más allá del ámbito propio de la razón. Pero, al mismo tiempo, es una fuerza purificadora para la razón. La perspectiva de Dios, libera la razón de su posible ceguera y la ayuda así a ser mejor. La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente.
En este punto se sitúa el Magisterio del Papa Benedicto XVI en continuidad con la doctrina social católica que no pretende imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y comportamientos, sino que desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y puesto en práctica.
La doctrina social de la Santa Madre Iglesia sabe que no es su tarea el hacer valer políticamente esta doctrina. La Iglesia quiere servir a la formación de las conciencias en todos los ámbitos de la vida humana y, por tanto, también en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella.
Esto significa que la construcción de un orden social y estatal justo, mediante el cual se da a cada uno lo que le corresponde, es tarea fundamental que debe afrontar de nuevo cada generación. Es una tarea humana primaria y la Iglesia tiene el deber de contribuir en orientar la razón y la formación ética. La Iglesia brinda entonces su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables.
La Iglesia no puede ni quiere emprender por cuenta propia la empresa política de construir una sociedad lo más justa posible. No puede ni quiere sustituir al Estado. Su Santidad Benedicto XVI afirma que tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige renuncias, no puede afirmarse ni prosperar.
El Papa ha afirmado que el Estado que quisiera absorber todo en sí mismo y proveer a todo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática incapaz de asegurar lo más esencial que el hombre afligido - cualquier ser humano - necesita: una entrañable atención personal. En su primera Encíclica el Santo Padre ha afirmado entonces que lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales.
Así Su Santidad Benedicto XVI en el mencionado documento quiso determinar con mayor precisión la relación existente en la vida de la Iglesia entre el empeño por el orden justo del Estado y la sociedad. A la Iglesia le corresponde contribuir a la purificación de la razón y reavivar las fuerzas morales, sin lo cual no se instauran estructuras justas, ni éstas pueden ser operativas a largo plazo.
He querido evocar este Magisterio de la Iglesia que el Santo Padre continuamente difunde tanto en ocasión de varias visitas recibidas en el Vaticano, como en sus visitas al exterior y que últimamente ha reiterado en ocasión de sus más recientes visitas en Vaticano como en el exterior.
Termino asegurando mis oraciones y mis deseos por el éxito de esta sesión, según la voluntad de Dios, y confío a la Virgen María estos días de comunión, de alegría y de compromiso de las Diócesis de Bolivia a las cuales el Señor ha consagrado todas sus vidas.
Asimismo el prelado recordó que la explotación es desde todo punto de vista un abuso, un desmedro a los derechos fundamentales de la persona. “Nosotros tenemos que pedir a Dios su gracia y bendición, todos los que buscamos trabajo y nos preocupamos de realizarlo recordar de dar gracias a Dios porque es una bendición.

El TIPNIS se ha convertido en un problema entre el gobierno y las organizaciones indígenas. Por lo tanto.