
Hermanos y hermanas, durante todo este tiempo estamos en América Latina y en Bolivia empeñados en la Misión Permanente, esta misión permanente es para que esto que es esencial no lo olvidemos jamás, la vida, reconocer que el Señor está presente entre nosotros, esta misión es una visita de nuestro Dios que si la aprovechamos bien y dejamos de abrigarnos solamente con ideas de muerte y nos llenamos de la vida del Señor podremos decir Dios ha visitado a su pueblo, Dios nos ha visitado nuevamente a nosotros, es El el Señor de la vida que está en medio de tantos signos que nosotros provocamos para que aparezca la muerte, en estos momentos en que se ha hablado tanto de la muerte y se sigue hablando, en estos momentos en que se provocan tantas muertes inútiles y se siguen provocando, en estos momentos en que la vida, desde el momento de su concepción hasta la muerte no es respetada, nosotros no podemos quedarnos indiferente. Nuestro Dios es el Dios de la vida.
HOMILIA DEL CARDENAL.
Muy amados y queridos hermanos y hermanas: Este domingo el Señor nos convoca a tomar más enserio la vida, tenemos que tomarlo en serio en medio de los acontecimientos que nos tocan vivir, unos alegres otros menos significativos, otros distractivos.
Estamos apenas a pocas horas de esa gran celebración del Corpus Christi en toda nuestra Iglesia en Bolivia y eso es un hecho que no podemos olvidar, porque por encima de todo ha sido una invitación a que despertemos, a que nos mantengamos vigilantes, a que sepamos que nuestro Señor es nuestro alimento y nuestra fuerza, que El se queda con nosotros para que reine en todas partes y en todo momento la vida. La vida es lo que le interesa a Dios, no la muerte.
El Corpus ha tenido que marcar en nuestros corazones un día inolvidable que tenemos que vivirlo a lo largo de toda la existencia, porque cada día se inventan más pretextos para quitar la vida, cada día hay más atentados contra la vida, cada día se multiplican los factores que hacen que la vida no llegue a su plenitud. A nosotros, pueblo de Dios, alimentados y reforzados con el cuerpo y la sangre del Señor nos toca seguir proclamando esa vida, a pesar de que a muchos no les encante.
Salutación a los Maestros:
Tenemos que aprender en esta existencia la perseverancia de nuestros maestros, estamos celebrando prácticamente su fiesta; es importante que sepamos que es a través de la existencia, a través de la atención personalizada de cada alumno que van forjando esas nuevas personalidades que requiere el país, es un apostolado que debemos reconocerlo, llevado con entusiasmo y con cariño por tantísimos hermanos nuestros que se dedican a la educación.
Clausura del Año Sacerdotal en Roma
Termina en Roma el Año Santo Sacerdotal, será un momento extraordinario de fervor en la Iglesia en todo el mundo. Todo este año hemos venido valorando, descubriendo, haciendo realmente que la vocación al sacerdocio sea tenido en cuenta por lo que el Señor ha querido que sea y no por nuestros gustos, por nuestros caprichos o por nuestras propias instalaciones. Nos alegra poder unirnos a nuestros sacerdotes en Bolivia también para decirles ¡ánimo, no tengan miedo, sigan siendo sembradores de vida y esperanza!
Mención al mundial de fútbol
No puede faltar tampoco algo más risueño como el fútbol, seguramente ya todos están preparados con sus radios, sus televisores. Ojalá que un hecho que pueda servir al mundo para unirse por lo menos durante este tiempo, no sea un motivo de mayores rivalidades y mayores peleas entre los simpatizantes de uno u otro país.
Centrarnos en la vida
Es aquí que el Señor nos habla de la vida, en medio de esto y de muchas dificultades más, de muchos problemas, pero es nuestra vida, que tenemos que pasarla aquí en nuestra realidad y no escaparnos a otro lugar. El Señor se manifiesta siempre como alguien que quiere la vida.
Allí está la primera lectura, cuando muere ese joven y la madre le reprocha al profeta Elías: “No sólo has venido a recordarme mis pecados, has venido para que muera mi único hijo y el profeta tiene que volver a hablar con su padre, a hablar con Dios, a pedirle que manifieste una vez más su bondad, su cariño, su identidad. No se identifica con la muerte, tiene que aparecer la vida y hace todos esos signos de oración, de súplica, de gritos, de confianza en su padre: “Haz que viva este niño, devuélvele la vida” y cuando le devuelve la vida lo presenta a su madre y le dice: “Míralo, está con vida”. Ninguna otra palabra, ninguna otra promesa, ninguna explicación. Está con vida! Eso querías, ahí está, el Dios Padre de bondad ha querido que tu súplica sea escuchada” La mujer responde: “ahora reconozco que eres un hombre de Dios, ahora sé que tus palabras vienen de Dios”. Palabras de vida, palabras de esperanza, palabras que levantan, palabras que se hacen oración, súplica constante para poder devolver lo que más aprecia el hombre: La vida, la vida personal, la vida de los suyos.
La centralidad de Dios expresada también en el evangelio de hoy, que tantas veces los hemos escuchado. El personaje central es Jesucristo, así lo pinta San Lucas en este pasaje que estamos meditando: “En aquel tiempo Jesús fue a una ciudad llamada Naim, fue seguido por sus discípulos y una gran multitud” Ese es el primer cuadro, una gran multitud de seguidores de Jesús, de gente que lo había escuchado, que estaba llena de entusiasmo al escuchar tanta sabiduría, de gente que había observado todos los gestos y signos que hacía el Señor, es esa la multitud que acompaña al Señor, una multitud llena de esperanza, llena de gratitud, llena también de ganas y ansias de seguir conociendo quién ese enviado, quién es ese profeta que ha aparecido en medio de ellos. Cuando llegan a la entrada del pueblo se encuentran con otra caravana, otro grupo, otra multitud; iba una madre viuda con su hijo muerto y una gran multitud, dice el texto, otra multitud acongojada, otra multitud desesperada, con ese silencio propio de los entierros, donde no se sabe si es resignación o es condena, si hay aceptación de la voluntad de Dios o no la hay. Una multitud aplastada por la realidad de la muerte. Es una realidad la muerte que va acontecer, pero no es para aplastar, porque en Cristo ha sido vencida la muerte y el pecado. Ahí están las dos multitudes, la una con los discípulos llena de fe y esperanza, la otra acompañando un cadáver, casi en la desesperanza y es en ese momento cuando llega el Señor y ve ese cuadro y El sabe que ha sido enviado para todos no para decirles palabras de condolencia, sino para animarlos y despertarlos, de que nuestro Dios no se conforma con una expresión dolorosa, sino que quiere realmente que captemos y sintamos que El es el Dios de la vida, por eso se conmueve, se conmociona, se emociona, se le revuelve todas las entrañas de dolor y sufrimiento al ver a esa madre que está llorando, algo interesante en este acontecimiento, nadie se acerca a decirle al Señor dile una palabra, consuélala, es El por propia iniciativa, porque comprendió y captó que el momento era para dar un mensaje divino en medio del dolor humano es que se acerca y le dice: “NO LLORES!” primera condición, no llores, aquí va acontecer algo, va suceder algo, aquí está el maestro que tú has escuchado que anda por las aldeas predicando el bien y devolviendo la vida, no llores, y luego, acercándose al cadáver y tocándolo le dice: “Joven, levántate! Ahí está la palabra de vida. Esto sirvió para que el joven volviera a vivir, volviera a moverse, pero es una expresión para toda la Iglesia, para todos nosotros de todas las generaciones; el Señor confía en la fuerza, en el espíritu, en las iniciativas humanas, los jóvenes tienen que ser aquí sinónimos de la búsqueda de la verdad, de búsqueda de las cosas que a Dios le agrada y a todos y cada uno de los que sufren, de todos los que lloran, estas palabras: “Joven, levántate! Es la que tiene que resonar, es la que devuelve la vida, es la que nos devuelve la esperanza, es la palabra que todos anhelamos, es la palabra del Señor que viene a revelarse como alguien que está para sembrar vida, para defender la vida, para cultivar la vida y eso es lo que nos enseña también este domingo.
Esa multitud que acompañaba al difunto cambia, primero se asusta, luego canta las alabanzas del Señor, un tenemos un gran profeta en medio de nosotros, Dios ha visitado a su pueblo. Esa es la corrección verdadera y auténtica del discípulo del Señor.
Como Iglesia estamos en Misión Permanente
Hermanos y hermanas, durante todo este tiempo estamos en América Latina y en Bolivia empeñados en la Misión Permanente, esta misión permanente es para que esto que es esencial no lo olvidemos jamás, la vida, reconocer que el Señor está presente entre nosotros, esta misión es una visita de nuestro Dios que si la aprovechamos bien y dejamos de abrigarnos solamente con ideas de muerte y nos llenamos de la vida del Señor podremos decir Dios ha visitado a su pueblo, Dios nos ha visitado nuevamente a nosotros, es El el Señor de la vida que está en medio de tantos signos que nosotros provocamos para que aparezca la muerte, en estos momentos en que se ha hablado tanto de la muerte y se sigue hablando, en estos momentos en que se provocan tantas muertes inútiles y se siguen provocando, en estos momentos en que la vida, desde el momento de su concepción hasta la muerte no es respetada, nosotros no podemos quedarnos indiferente. Nuestro Dios es el Dios de la vida. Lo que necesitamos es ponernos delante del Señor con nuestras angustias, con nuestras desesperaciones, con nuestros problemas, pero dejar que el Señor nos diga: Levántate, yo te lo mando, no es un consejo, yo te lo mando, levántate, anda, camina, muestra la vida! Eso es lo que causa la vida, es eso lo que causa esperanza, es eso lo que causa aumento del amor entre nosotros, porque nuestra vida no es una obra de unos cuantos, ni siquiera de nuestros padres, es una obra de amor hecha por Dios.
Dios ha visitado a su pueblo
Cómo quisiéramos que esta experiencia lo podamos vivir en nuestra nación en estos momentos. Que no nos acostumbremos al pregón de la muerte, sino que estemos vigilantes para que la vida triunfe por encima de todo; que no nos acostumbremos a ver morir en nuestras calles, en los atracos, n los crímenes. Que nos acostumbremos a la vida; que seamos capaces de experimentar y sentir lo que sin duda sintió esa viuda cuando el Señor le entrega a su Hijo y le dice, casi para decirle míralo también, igual que a la mujer del antiguo testamento: Míralo, está con vida, vive! Eso es lo que quisiéramos, una Bolivia llena de vida, una Bolivia que sea capaz de escuchar al Señor para no comprometerse y endurecer su corazón con la muerte, sólo signos de muerte, que sea capaz de abrir su perspectiva a una visión completa, integral de la vida, la vida física, la vida moral, la vida espiritual, la vida del ser humano en su integridad, no una partecita solamente, no algún aspecto, sino lo que es la persona humana con toda la dignidad que el Señor le ha concedido.
Para esto es importante que descubramos cuál es el centro de nuestra vida, entre esas dos multitudes que estaban allí presente, unos habían descubierto al Maestro, otros todavía no lo conocían, pero después de este hecho, después de la resurrección todos reconocen que hay un gran profeta en medio de ellos, todos reconocen que es Dios que lo han visitado; es Cristo el Señor el centro de esta proeza, El es el centro, El es el que nos ha elegido, El es el que nos manda, el que nos ordena que trabajemos y hablemos por la vida. Pablo va recoger eso con entusiasmo, Pablo les va decir a los Gálatas a mí nadie me enseñó el evangelio, a mí nadie me mandó a predicar, a mí me lo reveló Jesucristo el Señor y es eso lo que yo vengo a enseñarles, es eso lo que yo vengo a decir en nombre del Señor, pero yo sé que ustedes me conocen. Pablo inmediatamente se adelanta: “Ustedes saben lo que yo he hecho, yo he sido un perseguidor de la Iglesia, más todavía, más que perseguidor, quería destruir la Iglesia y en eso me puse al frente de todos mis colegas de mi tiempo que defendía la tradición, los superé a todos dice Pablo, no se hace ilusiones. Cuando se habla de la vida, no faltarán quienes nos acusen también de estar complicados con signos de muerte, pero para nosotros lo esencial es ser como Pablo, si hemos sido perseguidores de la Iglesia que busca la verdad o gente que quiere destruir la Iglesia, cuando nos encontramos con el Señor descubramos de dónde nos viene la vocación, es de Cristo el Señor, de Jesucristo que le ha revelado a Pablo qué es lo que tiene que hacer, que le ha dicho a Pablo antes que nacieras ya te eligió el Señor, te eligió el Padre y te dio una gran misión, que vayas a todos los pueblos paganos a anunciar la salvación que hemos traído para todo el mundo.
Hermanos, el entusiasmo de Pablo es el que tenemos nosotros tenemos que descubrir en esta misión permanente, que seamos cristianos que realmente sabemos que el mensaje del Señor no es un mensaje transmitido sólo materialmente por generaciones, es un mensaje de vida, actualizado, que tiene que ser una respuesta también hoy en medio de los gritos de angustia que tenemos que sentir diariamente.
Que nuestras alegrías, que nuestros trabajos, que nuestros dolores y sufrimientos, que nuestras limitaciones nos lleven siempre a reconocer al Señor como el Dios que camina con su pueblo. Amén!

Usted piensa que los Representantes de la Iglesia Católica deben preocuparse por el bien común y expresarse sobre la realidad Boliviana.