
Esta celebración nos puede también recordar que recibir y escuchar al Espíritu Santo no se produce en un acontecimiento privado, puramente íntimo y personal. El Espíritu Santo nos convoca a la comunidad, a nuestras comunidades, a la unidad en la diversidad, a la misión de servicio al Señor y a los más pobres y diferentes.
A LA VIDA RELIGIOSA EN BOLIVIA
Queridas hermanas y hermanos,
La Paz, 22 de mayo de 2010.- Estamos muy cerca de celebrar la fiesta de Pentecostés. Esta celebración puede ser un acontecimiento muy importante en nuestra misión, diversa, pero unida por el mismo Espíritu. La fiesta de Pentecostés puede renovar nuestro espíritu y darnos la disponibilidad para estar allí donde el Señor nos llama.
Esta celebración nos puede también recordar que recibir y escuchar al Espíritu Santo no se produce en un acontecimiento privado, puramente íntimo y personal. El Espíritu Santo nos convoca a la comunidad, a nuestras comunidades, a la unidad en la diversidad, a la misión de servicio al Señor y a los más pobres y diferentes.
En este sentido, la fiesta de Pentecostés puede ser una acción de gracias por la acción gratuita de Dios en nuestras vidas, en todos nuestros Institutos, en la Iglesia y en la Sociedad.
Se trata de un Espíritu Santo que actúa en la vida cotidiana, en los grandes y pequeños acontecimientos de nuestras vidas, en cada una de nuestras comunidades que comparten la misma fe. La fiesta de Pentecostés es la celebración de un caminar conjunto, como cuerpo apostólico, sirviendo de forma discernida y disponible la voluntad del Señor.
Es por todo ello que en esta festividad tan importante de nuestra fe, quiero invitarles a renovar nuestra disposición a encontrar a Dios en todas las cosas, a encontrar y sentir el ardor del Espíritu Santo en todos los acontecimientos de nuestra vida, en las personas y situaciones que encontramos, en las penas y alegrías de nuestro diario vivir, en los lugares más marginales y abandonados.
Al mismo tiempo, pedir que este Espíritu nos convoque a la unidad de todos, respetando nuestra diversidad. A vivir profundamente la intercongregacionalidad e interculturalidad como posibilitada por la acción del Espíritu.
Que la festividad de Pentecostés sea una renovación espiritual para todas y todos.
Quiero aprovechar también para expresar mi más ferviente felicitación a todas las mamás que pronto celebrarán el día de la madre. Pido al Señor que su Espíritu nos haga amar más y mejor a todas nuestras mamás, a dar gracias por su entrega total y confiada, a dar gracias al Señor porque ellas son las primeras catequistas de nuestra fe. Que el día de la madre, y cada día, sintamos la presencia tierna y cercana de ellas, y especialmente a las que ya están con el Señor. Que nuestra Madre, la Virgen María, nos ayude a caminar siempre en fidelidad y cercanía cada vez mayor al Señor.
Que Dios nos bendiga a todos.
Unidos en el servicio a la misión de Cristo y de los más pobres y diferentes,
Queridas hermanas y hermanos,
René Cardozo, S.J.
Presidente
La Paz, 21 de mayo de 2.010

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