
Las búsquedas de soluciones a los problemas también tendría que hacerse en esta perspectiva, tratar de buscar soluciones a los problemas de las mayorías tiene que estar empapado también de este espíritu si es que queremos que la solución sea duradera, que sea realmente un gesto de solidaridad y no una imposición más por los hechos de la historia.
Y el mundo del trabajo, ayer se los ha aplaudido, mañana no sé que va pasar, pero este gran grupo de hermanos nuestros que también tratan de unirse a esa perspectiva de Dios de renovar todas las cosas y hacer nuevas todas las cosas para bien de la humanidad entera, con sus problemas, sus dificultades, sus limitaciones, las que hoy también van a ocupar un espacio especial en nuestra plegaria y en nuestra oración.
“Les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros como Yo los he amado”
Muy amados hermanos y hermanas:
“Les voy a dejar un mandamiento nuevo”. Son las palabras con que finaliza el evangelio de hoy: Amense unos a otros como yo los he amado. Este mandamiento pasa a englobar toda la vida cristiana. Cualquier gesto, cualquier acción, cualquier palabra que podamos pronunciar tiene que ser fruto del cumplimiento de este mandamiento del Señor y toda ocasión para comprenderlo y captarlo es propicio a la Iglesia.
Estamos iniciando un nuevo mes dedicado en gran parte de nuestro país a honrar a la Virgen María, aquella que aceptó la palabra, aquella que aceptó y se puso a disposición de este mandamiento. Los fieles van a recordar la cruz el día 3, allí está la expresión del amor más grande, la cruz se ha hecho signo de nuestra redención, de nuestra liberación.
Están presente en San Ramón nuestros sacerdotes del oriente boliviano tratando de comprender cuál es su misión en el hoy de nuestra historia, de esta historia que tenemos que vivir hoy de una u otra forma y es también el mes en que gran parte de los fieles recuerdan a la mamá. Muchos acontecimientos, muchas cosas que nos tienen que decir: aquí tiene que expresarse el amor de Dios de manera auténtica y verdadera, para evitar falsas celebraciones o falsas expectativas, pero también tenemos que mirar con cariño, con amor, lo que aparentemente no es tan bueno y que también está rodeando en estos momentos.
Las búsquedas de soluciones a los problemas también tendría que hacerse en esta perspectiva, tratar de buscar soluciones a los problemas de las mayorías tiene que estar empapado también de este espíritu si es que queremos que la solución sea duradera, que sea realmente un gesto de solidaridad y no una imposición más por los hechos de la historia.
(La celebración del Día del trabajador)
Y el mundo del trabajo, ayer se los ha aplaudido, mañana no sé que va pasar, pero este gran grupo de hermanos nuestros que también tratan de unirse a esa perspectiva de Dios de renovar todas las cosas y hacer nuevas todas las cosas para bien de la humanidad entera, con sus problemas, sus dificultades, sus limitaciones, las que hoy también van a ocupar un espacio especial en nuestra plegaria y en nuestra oración.
Es interesante el momento en que el Señor recuerda que su mandamiento es el amor: Acaba de salir Judas del cenáculo (lugar de la última cena) con el proyecto de entregarlo. En ese momento es cuando el Señor habla de una glorificación, que va tener como fuente a Dios Padre y se va hacer realidad en él, El va ser glorificado y su vida va glorificar al Padre. Comienza una nueva etapa, comienza la marcha de la verdadera entrega; comienza el espíritu extraordinario de expresar el amor al Padre con todo su ser, con toda su alma, con todo su corazón; comienza a ponerse el fundamento de nuestra propia existencia basada en el amor.
Hijos míos, con esa ternura y expresión de afecto propio del Señor, sólo estaré con ustedes un tiempo más y les doy un mandamiento nuevo: “Que se amen unos a otros”, quizá sea el momento de pensar que este mandamiento está en nuestros labios y en nuestros corazones, este mandamiento lo sentimos que se vive y se practica en medio de tanta gente que se dice creyente. Este mandamiento es el más repetido, al menos en esa palabra de amarse, sin embargo en la práctica de hoy, en la práctica de alejamiento, en la práctica de revanchismo, en la práctica de guerra entre nosotros, así es imposible que podamos decir que estamos cumpliendo este mandamiento.
Que el Señor nos recuerde, que la Iglesia nos recuerde hoy, en un mundo que está por hundirse por los odios y rencores, nosotros levantemos la voz, nosotros hagamos signos de que es posible amarse como hermanos, de que es posible vivir como hermanos en un mundo en que muchos tratan de sacar beneficios personales o propios.
“Ámense como Yo los he amado” No es un consejo, no es una cosa bonita que nos está diciendo el Señor: “Ámense como Yo los he amado”, ahí está la base, El nos ha amado entregando su vida, no quitando la vida a nadie, El nos ha amado buscando la redención de todos y eliminando para todos la posibilidad de nuevas esclavitudes, El nos ha amado para que nos sintamos todos una nueva familia y sepamos que Dios es Padre de todos para todos. Ese es el estilo de amar que tiene el Señor, entregando su vida, derramando su sangre, recuperando la vida y repartiéndola en abundancia para todos.
“Ámense los unos a los otros como Yo los he amado, en eso van a reconocer que ustedes son mis discípulos, en eso se va dar cuenta la gente de que somos del Señor, somos discípulos del Señor, no podemos andar en otro estilo de discípulo, el discípulo que odia, el discípulo que no quiere amar al prójimo es porque no ama a Dios, aunque lo diga de mil maneras que ama a Dios, si no ama al prójimo es un mentiroso. “En esto conocerán que son mis discípulos, en que ustedes se amen unos a otros”. Hermanos y hermanas, estamos todavía en el tiempo pascual, el tiempo del triunfo de la vida, del triunfo de la libertad, del triunfo de la justicia, estamos en plena celebraciones pascuales y después de una semana santa tan participada, vamos viendo que se van diluyendo otra vez las esperanzas de un entendimiento mayor, se va diluyendo la convicción de que el creyente tiene que sembrar amor por encima de todo más allá de las consignas, más allá de los mandatos que puedan recibir de otras instituciones, está la palabra del Señor de amarnos los unos a los otros y de ser sembradores de este amor.
Es este el mandamiento que impulsó a Pablo y a Bernabé a ir a visitar las iglesias, fue el espíritu Santo que los eligió para mandarlos en una misión, hacer conocer esto que es esencial en la vida de los hombres, el amor, que lo conozcan los hombres y que todos los pueblos lo practiquen. Recorrieron muchas comunidades y ya estaban de retorno y se detenían para hablar con todos los que encontraban, para animarlos a no ser infieles a la gracia de Dios, pero también para decirles que seguir a Cristo, cumplir sus mandamientos es difícil, habrá dificultades, habrá problemas, habrá persecuciones, habrá incomprensiones, todo eso lo explicaban para que se fortalezcan en la fe y no tengan una fe sólo de palabra, muy bonitas, muy románticas, pero que no tienen nada que ver con las situaciones de pecado, de dolor y sufrimiento que les toca vivir. Sólo el amor pudo llevar a Bernabé y Pablo a hacer esta labor, pasando por las comunidades, preocupados porque este amor permanezca para siempre les ordenaban a los presbíteros, a los colaboradores, a los que tenían que orientar al pueblo de Dios en los diversos lugares donde se iba creando la Iglesia.
El amor es también un servicio a la verdad, qué fácil es decir que nos prediquen el amor, qué fácil es predicar el amor también, lo importante es que haya siempre alguien que nos recuerde en qué consiste este amor, en mirar la cruz, pero mirar lo que ha hecho el Señor, en adorar al Señor, pero adorar al Señor entregando su vida, en mirar nuestras comunidades unidas no por conveniencias pasajeras, por premios o amarguras comunes, sino unidas en el amor, unidas en la caridad, unidas en la verdadera fe en el Señor.,
Luego vuelven de vuelta a Antioquía y allí reúnen a la comunidad y le vuelven a expresar todo lo que el Señor había hecho a través de ellos. Fíjense qué informe más bonito, informaron todo lo que el Señor había hecho, la obra del Señor a través de ellos, no contaron sus aventuras, no contaron sus éxitos y triunfo, los aplausos recibidos por todos lados o los insultos que no faltaron de los fanáticos de esa época; llegaron a contar cómo Dios actúa cuando la comunidad está realmente dispuesta a recibir y sobre todo a practicar todo lo que El nos diga. Esta es la manera de destruir el mundo viejo, la manera de hacer que desaparezca el mundo viejo para que aparezca el mundo nuevo, el de la presencia del Señor, de este Dios que camina con su pueblo, de ese Dios que va a quitarnos todos los dolores, sufrimientos y penas, de ese Dios que ha decidido ser Dios para siempre con nosotros y que nosotros seamos su pueblo. Esa es la manera de hacer avanzar el reino de Dios, el auténtico, el definitivo, aquél del que nos habla el apocalipsis en la lectura de hoy.
A este Señor tenemos que reconocerlo como alguien que hace nuevas todas las cosas, el amor es el que hace nuevas todas las cosas. Se lo ha hecho al mundo obrero, para su reflexión, para que no se queden anclados en una sola situación, para que sepan que son colaboradores íntimos en la construcción de esa nueva creación, llena de justicia y de paz para todos, llena de paz para todos, en la búsqueda del bien común en el que todos estén involucrados y ninguno sea separado, ninguno sea aislado, esa es la construcción del mundo nuevo y en esto está la vida de Dios, este Dios que hace nuevas todas las cosas, que no destruye nada, que no aniquila nada, sino que renueva, que pone un énfasis especial en que todo y todos seamos un reflejo de su bondad, de su amor.
Hermanos y hermanos, con tantas cosas para alegrarnos, para agradecerle a Dios, la presencia de María en nuestras vidas, la señal de la cruz como signo de nuestra redención, el mandamiento del amor como expresión de todo lo que Dios quiere y desea para nosotros, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu se aman, pero quieren que nosotros también entremos en esta corriente, seamos capaces de llevar a esta corriente a todos los que buscan de verdad la comprensión, la justicia y la solidaridad.
Vamos a pedirle al Señor que en este domingo nos haga captar y recomprender su mandamiento. Sin amor yo nada soy Señor, con amor somos realmente reflejo de la bondad de Dios. AMEN!

Usted piensa que los Representantes de la Iglesia Católica deben preocuparse por el bien común y expresarse sobre la realidad Boliviana.