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Mons. Aparicio: No podemos estar ajenos a los grandes desafíos que nuestra patria enfrenta.

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La Paz, 9 de agosto de 2009.- Estas fiestas patrias la iglesia de la Paz ha celebrado de manera activa la festividad de la transfiguración de Jesús. Aprovechó al mismo tiempo para reflexionar sobre los festejos del aniversario patrio. Mons. Oscar Aparicio como celebrante enfatizó en la necesidad de dar gracias a Dios, por nuestra patria, a la que sin duda la amamos es un día muy particular ya que celebramos los 184 años de vida independiente, tiempo en el cual muchos hombres y mujeres nos han precedió con su trabajo y a lo que mejor con su propia vida construir días mejores. En la fiesta de la transfiguración del Señor frente a sus discípulos, es la invitación a asumir el compromiso en la transformación permanente de nuestra historia. En el quehacer cotidiano. Donde el Señor nos invita a prestar un servicio efectivo y concreto, es lo que de alguna manera, el Papa Benedicto XVI no lo ha recordado en su última encíclica. Mons. Aparicio, insistió en que para todos nosotros es una invitación a caminar siempre hacia delante, afrontando con valentía, serenidad, todos aquellos desafíos que implican, ver la vida con optimismo, aunque pareciera que no hubiera ninguna posibilidad positiva. Pues es Jesús que, baja nuevamente a la ciudad con sus discípulos, precisamente para anunciar esa nueva y buena noticia a los demás, a construir el reino de Dios en medio de los hombres, y ese Reino esta en medio de nosotros, y el compromiso de todo creyente es la de construirlo, par ello es necesario hacer una lectura permanente de los acontecimientos de la vida cotidiana desde el mensaje evangélico, que no es ajeno a ningún hombre, que es capaz de despojarse de sus propios intereses, para así descubrir, dentro de los valores éticos, la presencia del otro, de los otros, de los hermanos, una presencia que no solo se limita a los más cercanos, sino que tiene en cuenta al conjunto de todo el pueblo, en la riqueza de su diversidad. Además Mons. Aparicio, decía: En el relato del evangelio se oye una voz, que dice “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto, escúchenlo” , hoy esta voz sigue insistiendo en la escucha, de tantas voces que claman, por una sociedad más justa, en la que cada persona tenga la oportunidad de realizarse plenamente, y tenga mejores condiciones de vida. No podemos estar ajenos a los grandes desafíos que nuestra patria enfrenta en el inmediato presente: el rumbo que empieza a tomar el país es algo que nos concierne a todos, las decisiones a tomarse en este tiempo son nuestro futuro, este futuro hace que nos manifestemos y, por tanto, actuamos como un pueblo unido construyendo la paz, es decir, l pueblo de Dios que vive a la luz de esta Palabra, a la luz de esta transfiguración, con la fuerza del mensaje que transforma nuestra historia. Por eso creo que como pueblo de Dios estamos aquí para interceder por la paz, por exhortar a dejar los intereses particulares a un lado, de erradicar las posiciones radicales y juntos lograr un equilibrio y una patria mas justa, más equitativa, más solidaria y más piadosa. Seamos capaces de crear un nuevo espacio, actuemos con generosidad, desprendimiento y apertura del corazón y la mente, escuchemos las miles de voces que claman por una Bolivia, que acoja sus hijos, y les proporcione todas las posibilidades de desarrollarse sin distinción alguna, y así construir una patria libre y próspera. Por ello, la Palabra hoy nos exhorta a todos y sobre todo a los que tiene mayor responsabilidad y con autentico sentido de servicio la construcción de este nuevo contexto sociopolítico. No en vano dice Jesús a sus discípulos “no teman” , lo dice hoy, de una manera particular a cada uno de nosotros, nos invita ver la luz y así dejarnos iluminar, hoy más que nunca resuena para nuestra patria estas palabras, de no temer y apoyarnos en él, a seguir caminando esto es posible con el concurso y compromiso de todos. De todo esto, podríamos resumir en tres palabras este hermoso mensaje: PAZ, AMOR Y LIBERTAD. Que Dios nos conceda su Paz, nos haga capaces de responder a su amor y a ser sus hijos suyos para ser verdaderamente hermanos entre nosotros, y agradecer porque El nos ha creado libres, capaces de construir nuestro mundo y transformar nuestras miserias.

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