La paz, 29 de mayo de 2011, mana.- En la homilía de este domingo P. José Fuentes, Secretario para la Pastoral de la Conferencia Episcopal Boliviana, resalta la acción del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y de cada cristiano. Anima a todos los fieles a no dejarse engañar por las fuerzas del mal y a dejarse guiar por el Espíritu de Jesucristo que valora nuestras diferencias como fuente de riqueza y aporte en la unidad. Enfatiza el mandamiento del amor como sello distintivo de la identidad cristiana.
Homilía del P. José Fuentes, Secretario para la Pastoral de la Conferencia Episcopal Bolivia. Domingo, 29 de mayo de 2011
En el texto de este Domingo Jesús se despide de sus discípulos y les anuncia otra presencia divina, el Espíritu de Dios y de Jesucristo presente entre los creyentes. No estamos huérfanos, sino que Cristo resucitado sigue presente en la Iglesia.
Al Espíritu no se lo ve, pero se lo siente por sus efectos que es su presencia y sobre todo por la vida que da. Sin el espíritu no hay vida eterna. Los apóstoles anunciaban la Palabra de Dios, pero además expulsaban demonios y curaban enfermedades, y esto por obra del Espíritu Santo.
Los ministros de la Iglesia actúa por el Espíritu. La gente cuando se enfrenta a dificultades suele recurrir a cualquier tipo de ritos, sin diferenciarlos. Los cristianos no hacemos eso, acudimos al Espíritu de Jesucristo.
Como han afirmado nuestros Obispos en su última Carta Pastoral, la presencia de los cristianos en otros ritos sólo se entiende como signo de respeto, pero esos actos no suplen ni complementan en nada la celebración cristiana.
P
or la acción del demonio las personas y las instituciones pueden perder de vista su vocación fundamental. El poder del mal hace que todo se desvíe de su objetivo de servicio, de construcción del bien común. Y hace que reine el egoísmo, este poder del mal hace que entre las personas se imponga el reino de la desconfianza.
Por el contrario quien se agarra a Cristo se salva de ese poder del mal. Nosotros podemos recibir el Espíritu de Jesús, un espíritu de verdad que ilumina nuestras tinieblas. Nos ayuda a confesar nuestro pecado y liberarnos de él. El mundo y los que son del mundo no pueden perdonar porque no tienen el Espíritu de Cristo. Ese Espíritu nos hace instrumentos de reconciliación, capaces de tender puentes de unidad.
Este espíritu de reconciliación es tan importante en nuestra patria en este momento para que todos caminemos como hermanos. Como expresan los Obispos en su carta en el número 33. La diversidad es una riqueza, la diferencia entre unos y otros no puede ser motivo de división.
Dice el señor, el que me ama guardará mis mandamientos. Seguir a Cristo no es sólo participar en las celebraciones, es fundamentalmente obedecer sus mandamientos, el amor entre los más importantes.
Que el Espíritu del Señor nos dé la fuerza para mantenerlos firmes en el amor, dando testimonio de él en este mundo.

El TIPNIS se ha convertido en un problema entre el gobierno y las organizaciones indígenas. Por lo tanto.