"El evidente desequilibrio ecológico y brecha creciente entre ricos y pobres en el planeta, pese al crecimiento económico, ha puesto de manifiesto la inviabilidad del modelo. Como en varias oportunidades se ha afirmado, constatamos que el 25% de la población mundial consume el 80% de los recursos disponibles".
Quito, 20 agosto 2009.- (Zenit) Provenientes de 18 países de América Latina
y El Caribe, los asistentes al "Seminario sobre Ecología: Ambientes,
Economías y Pueblos", organizado por el Departamento de Justicia y
Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), del 3 al 8 de agosto
pasados, en Quito, Ecuador, han hecho llegar, a través de una Declaración, su
preocupación por la crisis ecológica.
Los asistentes constatan en primer lugar
"que el problema del calentamiento global y el cambio climático es una
realidad presente y permanente que nos afecta local y globalmente".
La responsabilidad, afirman, "corresponde principalmente al consumo de
energía, entre ellas la eléctrica, y al desmonte masivo y quema de bosques y
selvas". Por eso, reconocen que son conscientes de "que el problema
del calentamiento global se presenta como un síntoma de la crisis de un
paradigma o modelo socioeconómico basado en la maximización de la ganancia y el
consumo exacerbado de bienes renovables y no renovables".
"El evidente desequilibrio ecológico y brecha creciente entre ricos y
pobres en el planeta, pese al crecimiento económico, ha puesto de manifiesto la
inviabilidad del modelo. Como en varias oportunidades se ha afirmado, constatamos
que el 25% de la población mundial consume el 80% de los recursos
disponibles".
Por otra parte, afirman que "es consenso general que vivimos una crisis
del agua. En el mundo, hoy por hoy, mil doscientos millones de personas no
tienen acceso al agua potable y dos mil cuatrocientos millones no tienen
servicios sanitarios adecuados".
"Frente a esta crisis --señalan--, surgen dos posturas antagónicas en el
continente: quienes ven en ella una oportunidad para hacer negocios y quienes
perciben la necesidad de declarar el agua dulce un bien público, patrimonio de
todos los seres vivos y un derecho para todos los seres humanos".
Los representantes del encuentro sostienen esta postura que Benedicto XVI expresa así: "el derecho a la alimentación y al gua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechosuniversales de todos los seres humanos, si distinciones ni discriminaciones".
"Más aún --afirma la declaración--, el calentamiento global está
agravando la crisis del agua dulce ya que ciudades y pueblos dependientes de
glaciares comienzan a sufrir sus consecuencias por derretimiento y extinción.
Siendo que el agua es un bien vital para la supervivencia y desarrollo humanos,
muchas poblaciones podrían verse forzadas a migrar constituyendo el conjunto de
los ‘desplazados ambientales'".
Por todo lo dicho, los asistentes al encuentro reconocen "un sistema
perverso que busca exacerbar las riquezas económicas rápidas sin tener en
cuenta el destino universal de los bienes".
Esta idea del destino final, de la comunión cristiana de bienes, afirman,
"debe ser un principio inspirador del trabajo por la justicia
ambiental".
Estos desafíos, añaden, "nos retan a reforzar la voz profética de las
Iglesias locales mediante el desarrollo de una nueva espiritualidad con métodos
pastorales acordes y la integración de los diversos agentes de pastoral que
ayuden a la transformación del estilo de vida consumista imperante y el cuidado
de los bienes de la creación".
Consideran la misión continental de la Iglesia en América Latina y El Caribe, "como
el kairós de Dios que nos desafía a todos a asumir creativamente el compromiso
con las temáticas que aquí se abren en todas las actividades pastorales en la
dimensión del Amor, la Belleza,
la Verdad y la Bondad revelada en
Jesucristo, Vida abundante para todos los pueblos".
Indican que "la educación en valores evangélicos en cada etapa del
desarrollo integral de las personas permite la transformación de la mentalidad
tecnocrático cientificista hacia una conciencia más sensible y crítica frente
al uso de los bienes naturales y culturales que son de todos".
Sugieren que "es necesario incorporar en las escuelas de economía de las
universidades católicas líneas de investigación y docencia interdisciplinarias
que abran perspectivas a la elaboración de paradigmas teóricos alternativos de
economía centrados en el ser humano, el trabajo y la solidaridad y no en la
maximización de la ganancia".
Piden "a los gobiernos, empresarios y organizaciones sociales, la revisión
y/o creación de políticas públicas con enfoque de derechos humanos que contemplen
la dinámica ecológica y el desarrollo socioeconómico sostenible".
Asimismo señalan imperativo "que los países ratifiquen y cumplan los
diversos protocolos y tratados internacionales en materia de calentamiento
global y cuidado ambiental" y necesario "avanzar en planes
estratégicos de Estado de recambio de la matriz energética de nuestros países
en base a tecnologías limpias y sustentables a fin de reducir al menos en un
50% las emisiones de GEI".
"Como discípulos de Jesús --concluyen--, nos sentimos invitados a dar
gracias por el don de la creación, reflejo de la sabiduría y belleza del Logos
creador. En el designio maravilloso de Dios, el hombre y la mujer están
llamados a vivir en comunión con Él, en comunión entre ellos y con toda la creación
. La creación ha sido siempre mediación para la experiencia de Dios, en la que
debemos rastrear las huellas de su presencia. Por esta razón es necesario
recuperar la mirada creyente de gratuidad y belleza sobre ella, que nos permita
crecer en la austeridad y simplicidad de vida. Así, las generaciones futuras
también podrán acceder a la contemplación de Dios que se manifiesta en sus
criaturas".

Usted piensa que los Representantes de la Iglesia Católica deben preocuparse por el bien común y expresarse sobre la realidad Boliviana.