P. Roberto Tomichá, ofmConv
El teólogo boliviano Roberto Tomichá, pensando en la ruta de Aparecida,
ha escrito un artículo interesante, sobre la
V Conferencia y la Misión Continental,
que fue publicado en la revista Misiones y que ofrecemos a nuestros lectores,
con el fin de estimular “el despertar misionero”. Son muchos los artículos que
comienzan a aparecer en revistas y la web, sobre Aparecida, los retos de la
misión y los desafíos pastorales que se le plantean a la Iglesia de América Latina
y del Caribe. Reflexiones valiosas, que se verán recompensadas por los
lineamientos que, desde el CELAM, se sugerirán a las Conferencias Episcopales.
Los obispos de la comisión ya se han reunido y a partir, de una reflexión seria
y profunda, han elaborado un documento sobre la Misión, que será
presentado, en el mes de marzo, a los Presidentes y Secretarios de las
Conferencias Episcopales.
La V Conferencia de Aparecida y la Misión Continental
Los Obispos reunidos en la V
Conferencia General del Episcopado de América Latina y el
Caribe, aprobaron por unanimidad la realización de una «Misión Continental»,
cuya finalidad será socializar la riqueza, enseñanzas, orientaciones y
prioridades de dicha Conferencia. Se trata de un «despertar misionero» que
contará con la participación activa de las Conferencias Episcopales y de todas
las fuerzas vivas de las Iglesias locales –como por ejemplo, las comunidades
Eclesiales de Base –en modo tal de «poner a la Iglesia en estado
permanente de misión» (Documento
Conclusivo, n.570 y 195). Si bien
las modalidades concretas de la
Misión serán definidas por la Asamblea Plenaria
del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la V Conferencia
analizó sus líneas fundamentales, que pueden ser así resumidas:
1. ¿Qué es la Misión Continental?
La Misión Continental es un tiempo de gracia para la Iglesia que peregrina en
América Latina y el Caribe, un tiempo para tomar conciencia de su auténtica
vocación cristiana. Es una Misión
permanente, única y variada, que expresa la voluntad de la Iglesia de ser discípula y
misionera de Cristo para transmitir a los demás la alegría de la fe en el
actual proceso de cambio que vive la sociedad en general.
2. ¿Quiénes deben realizar la Misión?
- La Misión Continental tendrá como protagonista al Espíritu Santo (cf. Redemptoris Missio, 21)
presente en las Conferencias Episcopales y en las Iglesias locales vivas,
que tendrán la tarea de proyectar, impulsar y ejecutar dicha Misión. Ésta
tendrá frutos en la medida en que sea llevada a cabo por una Iglesia
unida, en comunión y corresponsabilidad con todos los miembros del Pueblo
de Dios. La comunión es particularmente importante entre los miembros del
clero: obispos y presbíteros de una misma conferencia episcopal y
diócesis.
- Los obispos,
presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas, consagrados, consagradas,
jóvenes, laicos y laicas son agentes de la Misión, quienes han de
vivir una profunda espiritualidad misionera. Los agentes han de contar además con una
cualificada formación teológica y misionológica, a adquirirse en los
Centros o Intitutos especializados ya existentes o en Centros nuevos a ser
creados.
- La Misión cuenta con el apoyo decisivo de los laicos,
llamados a vivir la vocación universal a la santidad y a la misión (cf. Redemptoris Missio, 90) en sus
propios ámbitos de familia, relaciones interpersonales, trabajo… En este
sentido, la participación de los movimientos eclesiales y de asociaciones
laicales, con el dinamismo e ímpetu propios, es fundamental para el éxito
de la Misión Continental.
- La Misión exige renovar las estructuras pastorales de las
diócesis, parroquias, comunidades eclesiales de base, pequeñas
comunidades, en perspectiva misionera.
3. ¿A quién está destinada la Misión?
- A la propia
comunidad eclesial para que se redescubra como comunidad atractiva y
atrayente.
- A los católicos
bautizados, pero alejados de la Iglesia.
- A las personas y
clases dirigentes que viven en los diversos espacios sociales, políticos, culturales
y económicos de la sociedad latinoamericana y caribeña.
- A las personas
indiferentes que viven en ambientes socio-culturales y nuevos areópagos
donde Jesucristo está ausente: familias, colegios, universidades, centros
de investigación científica, artes, deportes, nuevas tecnologías de
comunicación e información…
- A los emigrantes
latinoamericanos.
- A la familia
humana sin exclusiones, especialmente a quienes no conocen a Jesucristo
dentro y fuera del continente: misión ad gentes e inter gentes.
4. ¿Cómo se debe llevar a cabo la Misión?
- Desde la
realidad social y cultural de los pueblos de América Latina y el Caribe y
teniendo presente las experiencias misioneras ya realizadas en el
continente.
- Con una fuerte
impronta bíblica, centrada en la Palabra de Dios, en el anuncio de Jesucristo
y en una Liturgia y celebraciones que incorporan la riqueza de la
religiosidad popular.
- Desde una
espiritualidad misionera, manifestada en la gratuidad, osadía,
creatividad, audacia (parresía)
y con la ternura y misericordia expresadas en la devoción mariana.
- Con actitudes
evangélicas de respeto personal y acercamiento capilar a los demás en la
práctica de un diálogo que suscite atracción por el evangelio de
Jesucristo.
- Sin fanatismos,
proselitismo ni imposiciones, sino con la mística del propio testimonio de
vida.
- A través de
estructuras pastorales mínimas, pero renovadas. Aprovechar, si se ve
conveniente, la creación de nuevos ministerios específicamente misioneros,
como el de «visitador misionero».
- En el espíritu
de comunión, que comprende también el aspecto económico.
- Usando los
medios de comunicación social y las nuevas tecnologías de información.
- Con el
protagonismo directo y programas claros de las Conferencias Episcopales y
la animación permanente del CELAM.
5. ¿Para qué la Misión Continental?
- Para crecer en
el seguimiento y discipulado de Cristo en dimensión ecuménica.
- Para que muchos
descubran la persona de Cristo y su proyecto presente en la Iglesia.
- Para transformar
la parroquia y toda la
Iglesia en una red de pequeñas comunidades.
- Para fortalecer
las raíces evangélicas de la fe y la conciencia misionera de la Iglesia.
- Para crear
escuelas de evangelización, formar comunidades y atraer a los cristianos.
- Para pasar de
una Iglesia sacramentalización a una Iglesia formadora en la fe.
- Para responder a
la sed de Dios que buscan muchos hombres y mujeres del continente.
Se espera pues que la Misión
Continental infunda en la Iglesia presente en América Latina y el Caribe
aquel fervor espiritual, el valor y la audacia de los apóstoles, como señala el
mismo Documento Conclusivo (n. 571)
retomando un texto de la Evangelii nuntiandi de Pablo VI: «Conservemos la
dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar
entre lágrimas. Hagámoslo –como Juan el Bautista, como Pedro y Pablo, como esa
multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la
historia de la Iglesia
–con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la
mayor alegría de nuestras vidas entregadas.
Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con
esperanza – pueda así recibir la Buena Nueva,
no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos,
sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de
quienes ha recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan
consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo»
(n.80).