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“Conciencia de poder”

“ P. Gregorio Iriarte, OMI.

 

Toda  auténtica  educación “da conciencia de poder”, así como toda mala educación “quita conciencia de poder”. Tanto en el ámbito familiar, como  en el sistema escolar,  en la universalidad o en cualquier  centro de formación,  lo más  importante es crear en todos  y en cada uno de  los  formandos  una clara y objetiva  conciencia de sus propias potencialidades.

 Una y otra vez, todo  buen educador debe repetir, como la  mejor de las consignas, esta idea: “Tú puedes y eres tú mismo el dueño de ese poder”. Eres  el sujeto y protagonista de tu propio destino ya que  tú  decides todo lo  que concierne a  tu propia  formación.  Todos los  demás, tanto  educadores, como libros, revistas, artículos  o aportes de “Internet…”  no son más que colaboradores,  facilitadores,  que están a tu servicio …”

 Esto es lo que se denomina  en pedagogía: “formación de la conciencia autónoma”

 En la inmensa mayoría de los casos en el que  un estudiante dice: “Yo no puedo con las matemáticas,  las  detesto…” o con alguna otra asignatura, en realidad, no es  que no pueda  asimilar esa materia, sino que “cree que no puede…” De una  u otra forma, los malos educadores le han quitado  la conciencia  de poder, causando un enorme daño a todo  su  proyecto formativo.

 Franz Tamayo diría que tiene que haber “creación de voluntad” ya que, en la medida en que  se  arrancan  las posibilidades y las  ilusiones del espíritu del alumno,  se  arrancan también sus realizaciones presentes y futuras.

La educación, cuando está bien orientada, da conciencia de poder, pero no da poder. El poder auténtico es  patrimonio de la propia persona. Un   líder, sea político, social o religioso  surge  cuando él mismo ha tomado  conciencia de sus  propias cualidades como tal.  No es un regalo, sino una conquista personal.

 Por  lo tanto, toda  educación debe ser autónoma para que sea auténtica e integral.

 Se piensa, equivocadamente, que  la formación de un alumno está en la medida  que  tenga capacidad de imitar, de repetir, de memorizar…,y  de adecuar su  mente y sus actitudes a los contenidos del  texto o a las lecciones dictadas por el profesor.  Esto viene a ser  una especie de  colonialismo  personal interno  que, en el fondo,  es reflejo del colonialismo externo.

Se ha ido   introyectando en  nuestro sistema educativo la falsa idea de  que “ser  más” es llegar a ser como los que triunfan o como los que gozan del  poder…. Sin embargo, el autentico “ser más”  nace siempre desde  la voluntad y las entrañas de uno mismo.  Lo positivo  que percibimos en otras personas y, sobre todo, en excelentes educadores,  nos debe servir   de aliciente, de  estímulo, de emulación ….pero nunca  de  servil imitación.

Cada pueblo y cada persona  deben  ser “ellos mismos”  y solo desde  ese convencimiento y desde esas opciones  podrán crecer y desarrollarse.    

Debemos, por  lo tanto, convencernos  que todo sistema educativo equivocado  busca y exige  asimilación,  repetición,  memorización,  adiestramiento, la imitación….en función de  una  equivocada e imposible “clonación”   cuando lo que debe prevalecer, a  lo largo de todo el proceso formativo,  es el desarrollo de la criticidad y de  la creatividad.

 El que es un mero imitador no esta habilitado para  cumplir con su propio destino, ni como persona, ni como ciudadano. Solo el que tiene confianza en sus propias  potencialidades  puede  triunfar.

La educación que no parte del reconocimiento y la  confianza en sus  propias  cualidades  termina en frustración. Esto es, sin duda, lo que  era lo que quería  expresar  Sócrates y los mejores pedagogos con el lema “Conócete a ti mismo”. hay que partir siempre de la toma de conciencia en las propias potencialidades, tanto intelectuales, como psicológicas,  éticas, actitudinales, espirituales, etc.   

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