Señor de La Exaltación
La tradición litúrgica nos dice que la fiesta se celebraba en Jerusalén ya en siglo V. Su título contiene la finalidad de la misma: enaltecer y glorificar la cruz de Cristo. Porque la cruz, señal del discípulo de Jesús, no es signo de muerte sino de vida, como expresa el simbolismo de la serpiente de bronce en el desierto; no de infamia y derrota sino de salvación y victoria; no de masoquismo sino de amor.
Las iglesias que poseían una reliquia de la cruz (Jerusalén, Roma y Constantinopla) la mostraban a los fieles en un acto solemne que se llamaba "exaltación", el 14 de septiembre. De ahí deriva el nombre de la fiesta.El día de la Elevación de la Cruz llegó a ser como una fiesta nacional para el Imperio Cristiano Oriental, emblema oficial del Imperio, era colocada en todos los edificios públicos y en los uniformes de las personas, y elevada en oficios litúrgicos por los obispos y sacerdotes. Bendecían los cuatro puntos cardinales con la Cruz, mientras los fieles cantaban “Señor, ten piedad,” una y otra vez. Hasta el día de hoy, todavía celebramos este mismo ritual en nuestras Iglesias después de la solemne presentación y elevación de la Cruz, al finalizarla Divina Liturgia.
La fiesta de la Elevación de la Santa Cruz, a pesar de que obviamente tuvo un origen político, goza hoy de gran significado en la Iglesia. Es un día de ayuno y de oración, un día en el que recordamos que la Cruz es el único signo o símbolo digno de toda nuestra lealtad, y que nuestra salvación viene, no por ninguna clase de victoria terrenal, sino por la única verdadera y duradera victoria de la Crucifixión de Cristo y nuestra co-crucifixión con Él.
Cuando elevamos la Cruz y nos postramos ante ella en veneración y en adoración a Dios, proclamamos que pertenecemos al Reino que no es de este mundo, y que nuestra única ciudadanía verdadera, que perdura por siempre, es con los santos en la “ciudad de Dios”. (Efesios 2,19; Hebreos 11,10; Apocalipsis 21-22)