NUEVO IMPULSOR
IV. - SEGUNDO PERIODO DE LA OBRA
Veintiséis años más tarde, un día en que el señor Obispo Bosque en compañía de don Aniceto Arce; vio que este edificio sería un monumento nacional, ¿por qué no lo concluyen? Respondiendo el Sr. Bosque - porque no hay con que. Repuso Arce "sobre un huevo pone la gallina, yo iniciaré la suscripción de pronto y Ud. se esforzará por incrementar recursos".
Acepta la generosa oferta y entusiasmado el buen Obispo, constituyó desde luego un Comité Directivo compuesto del siguiente personal: Presidente, Iltmo. Obispo Dr. Juan de D. Bosque; Vicepresidente Dr. Aniceto Arce; 2do. Vice, D. Benigno Clavijo; delegados del cabildo, canónigos Miguel Molina, Genaro Soliz, y Ángel T. Ituri; id. Del Concejo Municipal, Ignacio L. Zapata y Felipe Pinilla; id. Del clero regular, Rafael Saenz y Francisco Martínez; vocales de elección, Bernardino Gotilla, Bernardo Pérez, Manuel J. Gozálvez y Santos Machicado, secretario.
En la primera sesión del Comité se recibió el donativo de Bs. 6,000, hecho por el Dr. Aniceto Arce y se aprobó el plan general de la obra, que entre otras cosas prescribía: que la catedral de La Paz, debía trabajarse con el mismo material con que se había comenzado y según el plan y orden de arquitectura de su iniciación; que un arquitecto del país o extranjero levantaría un plano general que correspondiendo rigurosamente a lo que se tenía trabajado hasta entonces, complementaría el pensamiento y determinaría el carácter que habrá de revestir el magnifico monumento; que no se daría comienzo al trabajo sino después de haberse adoptado definitivamente el plano y para dar homogeneidad a la obra, no se permitiría el empleo de otros materiales que la alterasen. (Acta de 15 de septiembre de 1883).
El Comité hizo levantar con el ingeniero José Rodríguez Rocha, los planos de la superficie y obras existentes, para que sirvan de base al plano complementario, pues los de Sanauja y Bertrés se habían perdido.
En el viaje del señor Bosque a Roma, verificado en febrero de 1884, llevó éste los diseños levantados por Rocha, y en su visita al Papa, le manifestó el trabajo en que estaba empeñado, insinuando le recomendase un arquitecto competente; el Santo Padre lo puso en contacto con el Conde Francisco Vespignani, arquitecto del Vaticano, quien se encargo de hacer los planos para nuestra catedral, con las indicaciones del señor Bosque.
Vespignani trabajó dos planos, uno de complementación de la obra existente y otro nuevo ideado por él; habiendo sido aprobado el primero, una vez que el señor Bosque volvió al país con sus indicados planos.
En el año de 1890, a iniciativa del Presidente de la República Dr. Aniceto Arce, el congreso de ese año dispuso que el impuesto de guerra adicional a la coca de La Paz, que daba Bs. 40,000 anuales, se destinase al trabajo de la catedral como fondo propio, una vez que se terminase el del panóptico, al que se aplicaron dichos fondos. Entre tanto, por disposición de las leyes de 7 de octubre de 1892 y 18 de noviembre de 1893, el tesoro del Consejo Municipal, devolvió al Directorio de la Obra de la catedral el arrendamiento de las tiendas de esta, sobre las calles Potosí y Socabaya, de que disponía desde 1864, con más la asignación de Bs. 10,000 anuales, para continuar el trabajo. Este fue impulsado con tales recursos hasta 1897 en que terminó la edificación del panóptico.
Al año siguiente fue reemplazado dicho ingeniero por el arquitecto jesuita H. Eulalio Morales, quien levantó las columnas centrales del edificio, suspendió los muros del presbiterio y adelantó dos corridas de construcción en el frontis. A Morales sustituyó el Ingeniero Antonio Camponovo que dirigió la obra durante catorce años de 1900 a 1914, y a su retiro esta fue encomendada al arquitecto salesiano P. Ernesto Vespignani, que la dirigió hasta su muerte, acaecida en 1925.
Este benemérito religioso es digno de que se le recuerde con profunda gratitud, por sus importantes servicios; a su indiscutible competencia reunía una abnegación e interés admirables por nuestra obra de la catedral; aunque su dirección la ejercía desde Buenos Aires por medio del inteligente constructor José Salasa que envió, estaba al cabo de los más nimios detalles del trabajo; sirviendo sin ninguna remuneración y aceptando tan solo los fondos que se le remitían para su traslación, cuando se requería su presencia con grave motivo. El era el que orientaba a la Comisión Ejecutiva de la Obra y la ponía en contacto con las fábricas del exterior, para obtener sus propuestas y hacer los pedidos. Bastaba indicarle cualquier necesidad en el trabajo, para que inmediatamente mandase su parecer acompañando de croquis y dibujos esmeradamente ejecutados.
A la muerte del P. Vespignani, ha seguido completando su labor y sirviendo con igual generosidad, su compañero y auxiliar R. P. Labor y sirviendo con igual generosidad, su compañero y auxiliar R. P. Florencio Martínez, hasta el presente. Últimamente han intervenido en la obra el ingeniero D. José M. Villavicencio y el de la prefectura, don Luis J. Valle.
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