Arquidiocesis

LA CATEDRAL METROPOLITANA

“CASA DE DIOS Y PUERTA DEL CIELO ” (GN 28,17)

La catedral tiene un profundo significado en estas fiestas conmemorativas, como casa de Dios, signo del Pueblo de Dios y Cátedra del Obispo. Es el templo central de la Arquidiócesis, el lugar desde el cual el Pueblo de Dios recibe la Palabra y la Gracia Sacramental; el sitio donde se congrega para tributar a Dios el culto de adoración, para alabarle, agradecerle y pedirle por nuestras necesidades. Es el lugar sagrado por definición: el sitio de encuentro de todas las comunidades de la Iglesia Particular con el Señor.

EL SUEÑO DE JACOB

El Patriarca Jacob contempló en sueños una escalera que subía al cielo y con la cual los Ángeles bajaban con los dones de Dios a los hombres y subían portando las plegarías y la adoración humana a Dios, escalera que unía a Dios con el hombre y al hombre con Dios. Por eso el patriarca habría exclamado: “esta es la casa de Dios y la puerta del cielo” consagrando al culto el lugar donde él soñó.

SIGNO DEL PUEBLO DE DIOS

El pueblo de Dios del Antiguo Testamento se congregaba en su peregrinación con el desierto ante la tienda que guardaba el Arca de la Alianza, y que recibía por ello el nombre de “tienda de la reunión” (Ec. 29,42ss). Es Dios que acampa en medio de su pueblo. El Dios de la alianza que es la fuente de Israel como pueblo de Dios. Cuando el viejo Israel llegó a ser pueblo asentado en la tierra prometida, el Templo de Jerusalem que reemplazó a la tienda de la reunión, constituía no solo el lugar de culto para todo el pueblo, sino el signo del pueblo mismo. El Pueblo de Dios era el verdadero templo espiritual representado por el templo material. Por eso, para cada Iglesia particular, comunidad es templo del Señor. El templo material que la representa es la Iglesia Catedral; cada una de sus piedras es signo de las piedras vivas que lo forman. El altar es el signo de Cristo al que todos los bautizados hemos sido incorporados y en la celebración eucarística, todo el pueblo de Dios se hace presente, representado por los fieles que participan.

SITIO DE LA CATEDRA DEL OBISPO

El Pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo sacerdotal, profetizo y real ya que participa de Cristo sacerdote, profeta y rey. En ese sentido, la comunidad eclesial es presencia sacramental del Cristo en la historia y geografía humana. Esa es la razón por la que todo fiel entra a formar parte de la Iglesia por la consagración bautismal. El obispo es el sumo sacerdote de la diócesis, el maestro y el pastor de la comunidad en virtud del Sacramento del Orden y de la Comunión con el sucesor de San Pedro y los otros miembros del colegio episcopal, sucesor del colegio apostólico. El obispo es el pastor, el maestro, el vigilante que el Señor nos da para que actué por nosotros en su nombre. No hay Iglesia sin obispo, como tampoco la hay sin fieles. El obispo encarna y representa la comunidad eclesial a la vez local y universal. La Catedral es su cátedra. Es el lugar desde el que ejerce su magisterio. En ella cumple el servicio para la santificación de los fieles y en ella ejerce su ministerio de comunicación. Sin la catedral, sin la diócesis, las parroquias y las pequeñas comunidades que las forman no tendrían razón de ser y se convertirían en meras sectas. Cuando los fieles se reúnen alrededor del obispo, allí está la Iglesia y allí estamos todos los bautizados de esta porción del Pueblo de Dios que es la Iglesia local.

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