CORPUS CHRISTI EN LA PAZ 2017



EL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO INVITAN A CUMPLIR LA MISIÓN DEL SERVICIO EVANGÉLICO EN TODA LA SOCIEDAD


Mensaje de Mons. Edmundo Abastoflor en la ceremonia del Corpus Christi


El Teatro al Aire Libre Jaime Laredo de La Paz se convirtió en templo de la celebración del Corpus Christi de este año convocando a parroquias, capillas, obras de educación y sociales de la Iglesia Católica en un número que se aproxima a treinta mil personas. Esta cifra fue en aumento a lo largo del recorrido de la procesión del Santísimo que una vez concluida la eucaristía recorrió el centro de esta ciudad hacia la plaza y Basílica de San Francisco donde también se colmó la capacidad de este espacio de concentración pública.

El evangelio según San Juan leído para la fecha y que señala en palabras de Jesús: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la vida del mundo”, fue la base de la homilía en la que Mons. Edmundo Abastoflor, Arzobispo de La Paz, como cabeza del clero paceño, dijo:

“Queridos hermanos estamos viviendo una fiesta de la presencia de Dios en medio de nosotros, y eso quiere decir el Corpus Christi. La fiesta del cuerpo de Cristo que quiere estar en medio de nosotros y en medio de nuestra vida. Y Dios quiere ser el centro de nuestra vida, y Dios es el centro de nuestra vida y de toda la creación. El quiere ser el centro de la vida de cada uno de cada una de nosotros. Y ustedes han venido a esta celebración porque sienten que Dios es muy importante dentro de la vida de cada uno. Y sentimos que nuestra vida gira alrededor de Él, porque Dios nos ha amado primero. Y esto lo sabemos no sólo los mayores sino sobre todo los jóvenes, y por eso están tantos jóvenes aquí reunidos. Felicidades a los jóvenes porque ustedes están sintiendo la presencia de Dios en sus vidas. Y es que Dios nos ha amado tanto que nos ha mandado a su hijo, quien ha crecido como niño, como joven, y que ha dado su vida por nosotros. Su hijo ha querido morir en la cruz y ha derramado su sangre por nosotros. Jesús nos ha dicho tomen y coman, este es mi cuerpo, tomen y beban ésta es mi sangre. Jesús ha querido quedarse en ese pedazo de pan en ese poquito de vino para ser el alimento de nuestras vidas, para ser el centro de nuestra vida. Y tenemos que darnos cuenta, y ver cómo yo estoy viviendo mi vida para que sea realmente Jesús el centro de mi vida. Quiero que Jesús me oriente en el colegio, en la familia, en nuestros lugares de diversión y de trabajo, nuestros espacios de compromiso con nuestra sociedad. Nosotros recibimos el cuerpo de Cristo, pero ¿cuál es ése cuerpo de Cristo? Es el cuerpo crucificado, es Jesús el que ha dado su vida. ¿Cuál es la sangre que nosotros bebemos? Es la sangre derramada por nosotros. Jesús nos ha entregado su vida, su cuerpo en la cruz y después resucitado para la vida del mundo. Es eso lo que nos está diciendo, yo doy mi cuerpo yo doy mi sangre para ser el centro de la vida de ustedes. Pero esto no es para que nos quedemos dando vueltas alrededor de nosotros mismos, y admitiendo que Dios es el centro de nuestra vida pensar sólo en nuestra vidita, como si fuera lo principal o lo único. Dios ha dado la vida por nosotros para que nosotros sepamos dar la vida por los demás. La Eucaristía es el centro de la vida del cristiano. Y tiene sentido cuando la Eucaristía se vuelve misión. Cuando nos damos cuenta que el amor de Dios que tenemos dentro de nosotros es para proclamarlo, para anunciarlo. Es para ser misioneros, para ser mensajeros del amor de Dios para los hermanos. Qué lindo es pensar que ese amor grande de Dios que se hace pan y vino y se vuelve el centro no es para nuestra vida solamente sino para transformarnos a nosotros y para que nosotros anunciemos el amor de Dios. Seamos misioneros, y necesitamos miles de misioneros, mayores, adultos, jóvenes y niños, todos podemos ser misioneros, todos podemos anunciar el amor de Dios, todos podemos mostrar como Dios se preocupa de cada uno y de cada una, podemos hacer esto con la palabra, con el ejemplo, con nuestra propia vida, con nuestro propio testimonio.

Queridos hermanos, queridos jóvenes y niños quiero desearles a ustedes que estén siempre con vida centrada en nuestro Dios y en nuestra Eucaristía y se conviertan en misioneros, en propagadores, en mensajeros de Dios para nuestra sociedad, y para tantos otros que no conocen a Dios o que lo rechazan. Felicidades porque Dios es el centro de su vida y de su corazón. Y felicidades porque Dios nos ha llamado a todos para ser misioneros, mensajeros del amor de Dios”.

La celebración Eucarística de Corpus Christi justamente este año tomó el sentido de ver la Eucaristía como en mensaje de la misericordia de Dios que desde esa fuerza invita a la misión y esta tarea fue reiterada por Mons. Abastoflor al concluir la procesión del Santísimo en su bendición a toda la comunidad reunida y que siguió la transmisión de la celebración de esta fecha festiva de fe en la ciudad de La Paz.

La Paz, 15 de junio de 2017



(Artículo: José Luis Aguirre A. Comunicador Social)
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